top of page

Editorial 180

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 17 sept 2017
  • 3 Min. de lectura

Dentro de las situaciones cotidianas en el mundo y en la carne, podemos encontrar innumerables adversas, frustrantes y molestas que hacen que perdamos la paz y por ende el dominio propio, haciéndonos cometer acciones o decir cosas que luego desearíamos no haber dicho.


Pues bien, también en la iglesia, entre los hermanos puede haber disensiones y desacuerdos que puede que lleguen a estas situaciones de molestias y desencantos. Pero el apóstol Pablo es muy claro en este aspecto: “AIRAOS, PERO NO PEQUÉIS, NI DEIS LUGAR AL DIABLO”. Precisamente, por nuestra condición caída (porque aún con la gracia del Espíritu Santo, algunos dan rienda suelta a su viejo hombre) y nos concede expresar nuestro desagrado, aunque sí nos circunscribe a que “no pequéis” y “no deis lugar al diablo”.


Explicaré esto, pero antes comentaré algo. No se nos olvide que también el Señor Jesús estando aquí en la tierra también demostró enojo (obviamente con justa razón) cuando tumbó las cestas de los cambistas y cuando increpó a los fariseos de su hipocresía. El punto es que el enojo es parte del cúmulo de emociones y sentimientos previstas por Dios y ahora más en Jesucristo que tenemos concedido sentir con las premisas anteriores.


Ahora sí, explicaremos el sentido de las condicionantes que el Espíritu impone para no dar lugar a exponer nuestra salvación POR ALGO SIN SENTIDO para Dios, pero con “mucho sentido” para quien se enoja. NO PEQUÉIS, es no cometer un error delante del Señor. Cuando nos enojamos, perdemos el sentido de la realidad al dar libre expresión a lo que nos aqueja y no vemos que al proferir palabras podremos caer en el grave error de maldecir, mutilar el cuerpo, amenazar y exponer cosas que no pertenecer a más de un oído en detrimento de quien agredimos verbalmente, ni qué decir.


NI DEIS LUGAR AL DIABLO. Significa a que en este estado de enojo somos vulnerables, tanto de nuestra propia carne pecadora, como de los sutiles dardos del diablo a incitar a más violencia, buscando hurtar la paz, matar al amor y destruir el cuerpo con divisiones permanentes. Es imprescindible que aun estando enojados y airados NO PODEMOS permitir que el cuerpo sea mutilado, tenemos que controlar nuestra lengua y mente, pero sobre todo nuestro corazón porque de ahí mana la vida y, con una serie de palabras infortunadas, esa fuente de vida corre el riesgo de cesar.


Por lo tanto amados lectores, huid de un enojo desmedido. Si no pueden tolerar tal o cuál dicho o hecho de alguien en Cristo, es mejor GUARDAR LA PAZ y alejarse, rogando fervientemente que el Señor tome control de la situación, prevaleciendo el amor de SOPORTAR LA AFRENTA, a dar lugar a una tonta justicia en nuestras manos. Habrá necesidad de orar por uno mismo y por el que nos agrede. Y si nosotros fungimos como agresores ¡CUIDADO! No digas más, solo di lo que te molesta y confiesa el nombre de nuestro Señor Jesucristo que refrene tu lengua y que el Señor te guarde de todo mal y te libre de toda tentación de pecar.


Poner el asunto en discordia en manos de nuestro Padre y ÉL enmendará las diferencias. Suena fácil, pero es un enorme acto de fe del cual, si salimos avantes, el Señor se sentirá orgulloso de ambos, habiendo el amor fraternal sincero cubierto multitud de pecados y el diablo derrotado y la carne sojuzgada.


AMÉN.

Comentarios


Si tiene alguna duda, sugerencia o comentario, no dude en ponerse en contacto con nosotros al siguiente correo: lasanadoctrina2014@gmail.com

 2025 Buenas Nuevas, Mty. Mx.

bottom of page