Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa
- Cuerpo Editorial

- 17 sept 2017
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Así termina el inicio del versículo anterior “arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel”.
Voy a transcribir los primeros tres versículos del capítulo 8 de Hechos de los apóstoles debido al desprendimiento de la voluntad de Dios sobre los pensamientos humanos, por eso está escrito: “aun lo necio de Dios es más sabio que los hombres”.
Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.
2 Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él. 3 Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel.
La muerte de Esteban fue el efecto de confirmar el hecho insoportable para el pueblo judío de “la visión de Jesucristo sentado a la diestra del Padre”. Fue doloroso para el clero judío saber que ya el Señor los había descartado y desde ese entonces era manifiesto la separación de su Dios con su pueblo. Ahora, era la iglesia que determinaba los cuidados de los asuntos del Padre, la voluntad del Hijo con la guianza del Espíritu Santo para hacer frente al enemigo de Dios, al mundo y a las debilidades en la carne.
El inicio del versículo inicia registrando un nombre que sería recordado por todos los hombres gentiles convertidos a Cristo: Saulo de Tarso. Elegido por el mismísimo Señor Jesús para llevar el evangelio a todas la criaturas del mundo civilizado de esa época. Y en la cual describe que consentía con la muerte de Esteban, siendo testigo de la lapidación del que fue objeto Esteban y él permanecía y asentía en dicha muerte en su ignorancia.
Un hermano describe que Saulo cuando nació estaba en el bando correcto, el judaísmo, pero con la muerte del Señor Jesucristo, no se dio cuenta que el bando correcto había cambiado y ahora era la iglesia de Cristo la que tenía los favores del Señor Jesucristo.
Como decíamos en el inicio del tema, los judíos se llenaron de odio contra la iglesia que estaba en Jerusalén (como ya ha sido explicado en diversos blogs, un religioso fanático no puede ver a los que predican a Jesucristo), sobre toda Judea y Samaria y resalta la mención que los apóstoles siguieron en Jerusalén, resistiendo el embate del enemigo de Dios. Ahora amigo lector comprendes cómo el enemigo de Dios, satanás quien es el padre de los homicidios, se apodera de las religiones para intentar acabar a todo lo que es de Cristo.
Y quiero retomar lo que dice la escritura “a los que aman a Dios todas las cosas son para bien”, esos perseguidos fueron a parar a diferentes regiones llevando el testimonio de Jesucristo y describiendo el acoso religioso judaico. Los que se quedaron enterraron el cuerpo de Esteban y lloraron su partida.
El versículo tres describe a un Saulo celoso de la ley, persiguiendo y acosando a la iglesia (no a un templo, sino a los hermanos que retenían el testimonio) y estos se congregaban en sus casas (no hay un templo o templos hechos por manos de hombre en la iglesia del Señor). De ahí, él perseguía hombres o mujeres y los llevaba a la cárcel.
Así era Saulo, un judío que tenía gran celo del Dios de los judíos y que el bendito Padre lo escogió para perseguir a su nuevo pueblo, sabiendo que años más tarde su Hijo Jesucristo lo escoge para ensanchar la iglesia por el mundo y proclamar su nombre a toda ciudad que le fue impuesto por el Espíritu Santo. Ese es nuestro Padre, Señor bendito de los cielos que no le interesa la obra de la carne humana sino aquellos que hacen su voluntad.
Amigo lector: al Padre no le interesa lo que hayas hecho en tu vida anterior, Él tiene la potestad de perdonar todos los pecados cometidos por un ser humano, cualquier cantidad, magnitud o faltas. Él es Dios de amor y misericordia. Jesucristo es el Hijo de Dios que vino a perdonar en su sacrificio en la cruz los pecados del mundo. Saulo es un ejemplo de ello persiguiendo a la iglesia primero, lo eligió para llevar el evangelio.
Confiesa con tu boca y cree en tu corazón y tu mente que Jesucristo es el Hijo de Dios y serás salvo tú y tu casa de esta generación incrédula, Amén.




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