Editorial 181
- Cuerpo Editorial

- 23 sept 2017
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La paz y gracia de nuestro Señor Jesucristo en vuestro espíritu
En la expresión invisible de los hombres existen solamente dos clases para Dios: los hijos y sus criaturas, refiriéndose específicamente al género humano. El resto de la creación no forma parte de este término.
Los hijos de Dios somos los que hemos creído que Jesucristo es el Hijo de Dios y nos unimos como iglesia congregados en su nombre. Y el amor de Jesucristo está sobre todo nosotros.
Las criaturas son todo el resto de los hombres que no han conocido a Jesucristo y por lo tanto no son hijos de Dios. Eso no quiere decir que Dios (el Padre) no les ama, porque al final a ellos los ha formado Dios y sólo espera el acto de fe que les demanda a los hombres de esta generación.
Siguiendo el mismo tenor, Jesucristo a los hermanos los describe de la siguiente manera: unos son los que judaízan y a los otros les dice porque aunque tienes poca fuerza, son los que han guardado mi palabra, y no han negado mi nombre.
A los primeros les dice que son sinagoga de Satanás, porque judaízan. Son mentirosos porque no tienen nada de judíos genéticamente y se vuelven para imitar a la religión judaica. Algo que él nunca enseñó.
Las promesas en esta vida son tremendas a los que judaízan (construyen templos, obligan a diezmar, exaltan a los siervos de Dios más que a Dios y al Señor Jesús, enseñan a judaizar a la grey, etc.) los hará postrarse ante los hijos de Dios que descansan en la palabra de Jesucristo y reconozcan que los ha amado.
A los que retienen el testimonio del Señor Jesús ha prometido que mientras existan hermanos fieles a la palabra de Jesucristo, también nos guardará de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. O sea que mientras el espíritu de Filadelfia (amor entre los hermanos) prevalezca, somos salvos de las pruebas que han de venir sobre el mundo.
La promesa espiritual todavía es mayor que al espíritu de las otras iglesias, su mensaje nos llega con esperanza de seguir viviendo en amor y en fe al enviar este mensaje 11 He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.
12 Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.
Alguien preguntará ¿y las religiones, sectas, organizaciones humanas y demás vivientes? Ellos no están en el plan de Dios, al final del tiempo perseguirán a todo el que es de Jesucristo y de Dios. La palabra los redarguye a creer en el Señor Jesucristo y a salir de sus religiones, sectas y del ateísmo, ¡salid pueblo de Dios de esos lugares para que no se hagan partícipes de las plagas que harán de venir sobre ellos!
“Jesucristo es el hijo de Dios”: con estas palabras estás en el camino correcto de salvación y de todo conocimiento de Dios. Amén.

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