Editorial 183
- Cuerpo Editorial

- 7 oct 2017
- 2 Min. de lectura

La paz, gracia y conocimiento del Señor Jesucristo en vuestro espíritu.
Anunciar el evangelio del Señor Jesucristo implica una gran responsabilidad y compromiso que solo lo puede sortear el Espíritu Santo. Lo descrito en este blog procede de la inspiración por el Espíritu, no son estudios humanos y tampoco son revelaciones emocionales, sino la sabia lectura de los libros contenidos en el nuevo testamento. Hoy por hoy los santos (apartados por la fe en Jesucristo) mantenemos una perfecta comunión con nuestro Señor Jesucristo por la obediencia a sus mandamientos, la fe en él de ser salvos, al amor fraternal dispensado a todos los hermanos en la fe, la esperanza de ser como él, la espera de su venida, el ejercicio del ministerio de anunciar su palabra y transmitir a los lectores las buenas nuevas de la sana doctrina de nuestro Señor Jesucristo.
Cierto hermano nos comunicó hace días de una verdad poco conocida: la importancia de cimentarse en el evangelio del Señor Jesús. Al leer con atención, en el libro de Hechos, el pasaje de Felipe con el etíope, al terminar de leerlo, sintió una necesidad de cuestionar por qué el evangelista Felipe no fue con ese funcionario etíope a discipularlo. Meditando en esa pregunta, oyó la voz del Espíritu que lo llevó a considerar la visita que hizo la reina Saba al rey Salomón y cuando ésta dejó Jerusalén, se trajo consigo libros de hebreos que contenían la palabra de Dios. 500 años más tarde ese etíope, en el trayecto a su tierra e influido por los conocimientos de esa reina, leía los libros del antiguo testamento y se refería específicamente al de Isaías, en la profecía que hablaba del Señor Jesucristo. Y no tan solo creer, allí mismo se bautizó creyendo que Jesucristo es el Hijo de Dios.
La biblia no dá más detalle aparte que se fue gozoso de ese lugar. Lo extraño es que el hermano junta esos dos hechos en uno, esto es, el pueblo de Etiopía recibió la palabra de Dios a través de la reina Saba, pasaron 500 años y un funcionario eunuco etíope leía los libros del antiguo testamento en su carruaje, ese pueblo oyó y creyó su palabra y el etíope refrendaba lo escrito por Juan: “vosotros no tenéis necesidad de maestro”, porque al creer el Espíritu Santo mora en el creyente.
Usted, amigo lector dirá: “¿qué tiene de importancia?”Pues tiene mucha, porque Etiopía ha sido el único país del gran continente africano que no ha sido conquistado o avasallado por ningún pueblo europeo o asiático. Es un país que tiene un conocimiento del Señor Jesucristo casi puro y continúa (a pesar de tantos distractores) fiel al Señor Jesucristo. El que está sentado a la diestra del Padre no duerme, siempre vela por los que creen en él. Bendito y alabado sea el Hijo de Dios. Amén.




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