Editorial 185
- Cuerpo Editorial

- 22 oct 2017
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La paz y gracia del Señor Jesucristo esté en vuestro espíritu.
Una de las lecciones que nos depara la lectura del nuevo testamento es la constante alerta a los parámetros de actitudes y conductas del celo religioso. El Espíritu Santo registra dichas acciones para prevenirnos y no copiar sus malas influencias en la comunión con nuestro Padre. La comunión con Dios es importante porque estamos en un mundo que no es el nuestro, de ahí la importancia de estar orando en todo momento, sin cesar y en cualquier lugar.
Una de esas prácticas procedentes de las tinieblas de la religión constituye el “rezo”, a lo que llamó el Señor Jesús refiriéndose a la conducta hipócrita y mecánica del clero judío, es decir la vana palabrería, la repetición sin sentido, la impresionante pérdida de tiempo en estar constantemente ciclando frases incoherentes e ilegítimas espiritualmente.
Hoy en día existen en la red diversas defensas al exagerado rezo del rosario que, a través de un objeto pretenden llevar la cuenta de todas esas repeticiones continuas hechas por sus impertinentes practicantes (en la mayoría mujeres) en diversos eventos religiosos. Para simular es una obediencia a Dios incluyen la oración “el Padre nuestro”, un modelo de oración genuina y auténtica que sirvió en su momento para inducir a los discípulos del Señor Jesús a la estructura de una forma de comunión con el Padre. Jamás el Señor Jesús volvió a repetir esa oración tal cual en los evangelios, sino que se comunicó con el Padre a través de ese llamamiento. Hoy en día puedes invocar al Padre por medio de Jesucristo, o referirte al Señor Jesús directamente.
En el mundo antiguo antes de Jesucristo, existió el culto a muchas deidades en los cuales sus sacerdotes practicaban la vana palabrería de estar repitiendo las mismas frases. Según el libro de los Hechos de los apóstoles, los efesios continuamente gritaban por dos horas “Diana es la diosa de los efesios”, en un arrebato iracundo por defender a una deidad mentirosa que al paso del tiempo cayó en desuso y fue suplida por una figura mencionada en el evangelio.
Dígame amigo lector ¿no le cansaría a usted que una persona le repitiera 50 veces una frase cualquiera para solictarle alguna cosa? Seguramente le sería hasta molesto, sin sentido, es incluso perjudicial para la salud mental repetir sin cesar lo mismo. ¿Cree usted amigo lector que es digno de una vida espiritual plena la repetición desenfrenada? Ciertamente NO y eso es la hipocresía de la que hablaba el Señor Jesús de esas personas, pues se hacen pasar por piadosas y resulta que se convierten en religiosas atadas a una cadena de ritos y prácticas diabólicas.
Durante la estadía en ese sistema religioso en mis años mozos, me percaté que según el humor del cura era la penitencia de practicar el rezo. En cierta ocasión me pidió que “para perdonar Dios mis faltas requería de cincuenta oraciones” mecánicas. Fue mi disgusto evidente ante tal situación que sólo lo hice una vez contrito y humillado y salí con una paz y serenidad asombrosa. Dios ve el corazón y la mente de los que le quieren seguir.
El rezo no sirve para nada, es un parámetro de desobediencia a lo que demanda Dios, te invito amigo lector a que tu comunión con el Padre sea a través de Jesucristo de una manera sincera, contrita y humilde. No importa el número de palabras, ni la calidad de tu vocabulario. Todo es progresivo y con el tiempo y por el Espíritu Santo te indicará la forma de comunicarse con nuestro Padre o con nuestro Señor Jesús. ¡Salid pueblo mío de toda religión! Amén.

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