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Editorial 186

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 1 nov 2017
  • 3 Min. de lectura

Que la paz del Señor Jesucristo sea plena en su espíritu.


Hace mucho tiempo, atendí la invitación de un hermano que hizo a una denominada “campaña de salvación“. Este evento se desarrolló bajo un marcado tradicionalismo de repetir muchas veces que Jesucristo salva y al final sólo seis personas de los asistentes aceptaron a Jesucristo como su Señor, Salvador y Maestro. Además, el hombre denominado errónenamente –pastor- hizo una larga oración de convertimiento de esas seis almas. Estas son de las cosas que las denominaciones cristianas no han sacudido de su cabeza y yo me preguntaba y “¿dónde están los evangelistas para proclamar las buenas nuevas?” Todo el tiempo fue esa figura quien estuvo hablando. Me despedí cordialmente del hermano.

Un año después, me invita este mismo hermano ahora a su congregación y ese mismo –pastor- que proclamaba a Jesucristo como Salvador, ahora proclamaba con encendidos ánimos de que la salvación se pierde. Francamente no estoy acostumbrado a oír desórdenes en la interpretación de la palabra del Señor Jesús. ¿O salva o no salva? ¿Hay salvación y luego se pierde? Decidí alejarme de ese lugar rápidamente.


Los pastores no son maestros ni evangelistas. Son actividades MUTUAMENTE EXCLUYENTES, así que uno de los pastores no puede ser además de los maestros ni tampoco al mismo tiempo ostentar el título de evangelista. ¿Por qué? Porque los pastores, en plural, cumplen con el ministerio de apacentar las ovejas del Señor, trayéndole maestros que les den el pan espiritual y el agua para que corran los ríos de agua viva en los corazones de los hermanos. Esa es su función y sobrellevar con los hermanos cualquier carga espiritual o servicio terrenal o en la carne para estar unánimes ante todos. Siempre viendo por los demás ¿Ud cree que tendrán tiempo de servir en los otros ministerios?


En la realidad es muy diferente ya son más posesivos que los sacerdotes católicos e imponen más carga (diezmos, cooperaciones para el templo, graciosas kermeses, etc.) ¡en fin! Actividades no espirituales de hijos de Dios. Es una realidad errónea en la que viven y son una pena por el pobre desenvolvimiento en que se mueven con los de su entorno. Hay que esperar en paz a los que van a ser del Señor Jesús y miembros de su iglesia y no de su denominación.


Jesucristo es el Príncipe de Paz para todos sus seguidores establecidos como iglesia en este mundo, es de la realeza el ser investido de una de sus esencias divinas con la cual contamos como miembros de un cuerpo. La paz es un ordenamiento que procede del Espíritu, Jesucristo es la cabeza de la iglesia esto es que nosotros estamos siempre en sus pensamientos.


Ser cabeza es dirigir, pensar, ver, oler, oír todo lo que quiere el Señor en nuestras vidas. Así tenemos que ser y hacer el cuerpo como la cabeza, él está en nosotros y nosotros estamos en él, somos de una misma vida espiritual, así como el cuerpo en lo físico está en conjunción con la cabeza, así debemos de tener el cuerpo (conjunto de hermanos) en conjunción con su espíritu, es dentro de nuestro interior, es intrínseco lo que nos da vida.


El Señor Jesucristo es nuestro Pastor. Esta postura externa se manifiesta grandemente: el ir a uno de los oficios más preciados por el Padre que no cambia en el nuevo testamento. El pastor es una analogía que encuadra hasta hoy, es un oficio que no pasa de moda, sino que se mantiene perenne para entender la posición de los pastores.


El Padre hará llegar a Jesucristo a los que han de ser salvos y Jesucristo devolverá sin perder a ninguno al Padre. Podremos decirlo y hacerlo de otra manera, los desobedientes y falsos obreros lo hacen en desobediencia, ignorancia, y mala obra. La salvación no se pierde si eres de los llamados a ser hijos de Dios por la fe en Jesucristo. Amén.



















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