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Editorial 187

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 5 nov 2017
  • 3 Min. de lectura

La paz, gracia, salud y conocimiento del Señor Jesucristo en vuestro espíritu


Un hermano en Cristo, conocedor de la ley, nos señalaba un error de apreciación en el anterior blog 186. Él nos comenta que durante el tiempo del apóstol Pablo a los judíos no les interesaba en demasía el matrimonio de una judía con un gentil, toda vez que declaraban a los hijos de las judías casadas con varones gentiles, como judíos. Mas no así el caso de varones judíos casados con mujeres gentiles, sus vástagos no eran reconocidos judíos, incluso Moisés mismo (aunque su educación era egipcia) fue un judío y se casó con una madianita. Aunque en este caso todavía no había una ley y no existía una estructuración de los diferentes libros del antiguo testamento.


Lo cierto es que los hijos y las hijas de Dios por la fe en Jesucristo no pueden casarse con varones o mujeres que no sean del mismo cuerpo de Cristo. El Señor es pleno en la vida y nos da un ordenamiento en el cual no es bueno casarse con varón o mujer que no provenga de su cuerpo en la tierra. ¿Por qué? Porque es un lazo desigual. El(la) incoverso(a) al no ser de Cristo, está impregnado(a), del espíritu del mundo, está muerto(a) espiritualmente y como el mismo Señor dijo, él no tiene comunión con el mundo ni con su enemigo. ¿Qué implica esto? Que el(la) creyente perdería tiempo valioso atendiendo los deseos de su pareja y esto consciente o inconscientemente le causará muchas dificultades cuando el (la) creyente quiera tener comunión con Cristo. ¿Qué pasa si desobedezco y aun así me uno con alguien fuera del cuerpo de Cristo? La desobediencia traería la derrota y desgaste para la hermana o hermano que se case con un inconverso, religioso, ateo o perteneciente a una secta.


Peor aún: el realizar una boda como los del mundo (con todos sus ritos, tradiciones y estatutos) no es de interés en el Espíritu, es vano, inútil, no aporta nada siendo de hecho un muy mal testimonio ante los ojos de Dios, puesto que lo que interesa es que esas dos almas sean uno en Jesucristo.


La biblia dice que lo que Dios une no lo separe el hombre. Esta interpretación consiste en que como miembros del mismo cuerpo, en el EspÍritu son uno: nuestras almas son indivisibles ya que el hombre tiene una potestad y una cobertura sobre la mujer. En el caso de una unión entre varón creyente y mujer desligada del cuerpo, será difícil que dichas bendiciones se cumplan al tener la mujer una fuerte carga emocional del mundo en su alma; en caso de la mujer creyente y un varón sin temor de Dios, resultaría una esclavitud espiritual y una sumisión emocional a la cual sería rebajada la hermana creyente.


Dios nuestro Padre aprueba la obediencia a sus preceptos: es mejor permanecer célibe a casarse en circunstancias desventajosas. En Cristo estamos completos y su paz nos da reposo, más la unción del Espíritu Santo complementa nuestra vida espiritual. Tenemos que ser agradables a Dios en plenitud de obediencia a sus ordenamientos y a sus mandamientos. Ahí radica la sabiduría de la salvación.


Cristo viene por su iglesia, por todos aquellos que verdaderamente están en él, no por los que se forman en las filas de una iglesia de Cristo o están en las reuniones como socios de un club, si quizá algunos que ayudan a los miembros del cuerpo también serán salvados por la misericordia de atender el llamado de ayudar a los hermanos en sus carencias en este mundo. Cristo vendrá por su iglesia, que ha retenido su testimonio hasta lo último. ¡Maranahta, Cristo viene por su iglesia! Amén.

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