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Editorial 188

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 11 nov 2017
  • 2 Min. de lectura

La paz, gracia y conocimiento del Señor Jesucristo esté en vuestro espíritu


Hace muchos años, en cierta ocasión asistí a una reunión de hermanos que se congregaban en una casa, conforme al mover práctico y sencillo que marca la biblia “donde dos o tres estén congregados en mi nombre, allí estaré yo en medio”, palabras del Señor Jesús registradas en el evangelio. El hermano, después de orar e iniciar la reunión en el nombre más poderos de la creación (Jesucristo), hacía un ejemplo de la fuerza de la palabra de Dios en boca de sus santos.


Él decía en esa ocasión que si ponía un ídolo de los que utilizan los católicos u otra religión (como Judas Tadeo, Martín de Porres, María, Buda, Ra, etc.) en el centro de la reunión bien podrías hablarle y no oirán aunque tengan esos ídolos sus orejas; aun con ojos no verán a los que están en la reunión y si los quebrases no tienen corazón, mente o vísceras en su interior. Permanecerán mudos porque son solo barro, yeso, madera o cualquier otro material, son objetos inanimados e inservibles y es una pena poner atención a esas figuras que no son nada, tan solo artificios del enemigo de Dios.


Ahora bien, si viniese algún religioso a la reunión a inquirir: “¿Dónde pues está tu Cristo? No veo a nadie en medio de ustedes. Están adorando la invisibilidad” y eso es lo que debemos demostrar, que es la fe de la que se habla en los evangelios. Que no andamos por vista sino por fe, ésa es nuestra fe: visible en las palabras espirituales invisibles. El Señor Jesús quiere que le creamos a él y lo que está dicho en la escritura. Esa es la prueba de nuestra fe.


Por tanto, creer en su palabra es la prueba necesaria para demostrar que estamos en el camino de Dios. No se necesita algo tangible para adorar a Dios sino creer en el corazón, en la mente y proclamarle con la boca. Si la palabra dice: “cree en en el Señor Jesucristo y serás salvo” y crees eso serás salvo. Así, no necesitas un papel, documento o cualquier otra cosa, sino tan sólo creer en la promesa de esa expresión y guardarla en tu corazón.


Es ahí donde nosotros comprobamos al mundo entero que nosotros ya no pertenecemos al mundo de las religiones, sino que estamos en la vida espiritual en que el Señor quiere que vivamos. ¡Pero! Hay algo muy importante a saber y es que tienes que salir de la religión, secta, ateísmo, esoterismo o denominación que practicas y vivir una vida plena de obediencia al Señor Jesucristo por la sencilla razón que ninguna de ellas encaja en el evangelio de Cristo en el sentido práctico del mismo.


Mas si insistes en mantenerte en esos lugares y no atiendes al llamado de salir de ahí para hallar la verdad y la libertad, seguirás ligado a sus dogmas mentirosos y falsos, atrapado en esos espacios de muerte y abominación a Dios. Por eso: sal de ese círculo vicioso rechazándolo en el nombre del Señor Jesús. No te resistas y salid pueblo mío dice el Señor. Amén.

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