Editorial 189
- Cuerpo Editorial

- 18 nov 2017
- 2 Min. de lectura

La paz, gracia y conocimiento del Señor Jesucristo esté en vuestro espíritu
Algún tiempo atrás, un hermano nos visitó a la reunión en Jesucristo que tenemos semanalmente y en conformidad con el Espíritu el orden de nuestra reunión se desarrolló en paz y para edificación. Se llegó a la última etapa de nuestra reunión que son las peticiones, ahí una hermana se dispone a mencionar el versículo que nos abre las puertas para solicitarle al Padre por todas aquellas necesidades o peticiones que tenemos para Él: Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Filipenses 4:6.
Y acto seguido se inicia exponiendo cada uno de los hermanos asistentes sus peticiones, comenzando siempre por los que están a la derecha del hermano que preside y así al dar vuelta a la congregación hasta terminar con el hermano que preside (nuestra reunión se realiza en círculo) ya que el centro es nuestro Señor Jesucristo. El hermano estaba a la izquierda y se ajustó a nuestro mover participando en fe con alegría de nuestro orden en las peticiones.
Una vez que hubo terminado la reunión en Cristo y mientras cenábamos nos comentó que durante las peticiones no se estuvo acatando el versículo del fundamento de las mismas, al no oir la acción de gracias despues de las peticiones con todo ruego. Nos sorprendió a todos que, evidentemente, le asistía la observación que nos hizo. Y asentimos la exhortación que se corregiría dicha omisión. Una vez cenado, se retiró el hermano y nos gozamos en el Espíritu con aquella observación.
Durante la semana siguiente, meditaba cuándo fue en que dejamos de dar la acción de gracias después de exponer nustras peticiones con ruego, qué hacemos en la terminación de nuestra reunión en Cristo, y pude reflexionar que así como en nuestra reunión, teniendo una obediencia de fe en Jesucristo, fuimos dejando a un lado la acción de gracias que es el sello de la fe y amor para con nuestro Padre por medio de Jesucristo.
Ahora, amigo lector, comprenderá todas las desviaciones que se han producido durante los veinte siglos en las diferentes congregaciones en las cuales se habla de Jesucristo sin contar la leuda que introduce de forma ladina y encubierta como palabra del Señor Jesús. Eso hacen una forma errónea de comunión con nuestro Dios.
Alguno de ustedes se preguntarán ¿qué consecuencia o dónde está el error de omitir la acción de gracias después de las rogativas en la peticiones? Y en forma breve les explicaré a su posible duda.
Si usted pide un favor alguna autoridad rogándole que interceda en algún asunto, usted de seguro terminará con estas palabras “le agradezco mucho lo que usted pueda hacer sobre el asunto solicitado”.
Pues mucho más para nuestro Padre, este versículo inspirado por el Espíritu Santo y pide en un orden que la petición sea con ruego y con acción de gracias, para que manifestemos por y con fe que tenemos toda la confianza y certeza que el Señor Jesús contestará a nuestras peticiones en la medida de nuestra fe. Amén.




Comentarios