Editorial 190
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- 29 nov 2017
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En una ocasión durante los años 90, un hermano en Cristo me invitó a una reunión de hermanos en un café de la localidad (hombres de negocios) que invertían tiempo y posición en aras de repartir nuevos testamentos en diferentes lugares de la ciudad.
La reunión inició puntualmente presidiéndola un hermano que a su vez mantenía un cierto carisma con todos los demás hermanos que estaban a su alrededor, no sé cómo ocurrió pero yo quedé a su izquierda, sin reparar mi presencia. Después de la salutación de bienvenida, solicitó a un hermano que estaba a su derecha una breve oración para iniciar. El hermano, con voz agradable le pidió al Padre en el nombre del Señor Jesucristo por el éxito de la reunión y que la propagación de los nuevos testamentos alcanzase la mayor cobertura a las personas que se les fuera a entregar y terminó con el amén de todos los asistentes.
Acto seguido, el hermano que presidió exponía una nueva estrategia que consistía en entregar los nuevos testamentos en las universidades y preparatorias, así como también en lugares concurridos como mercados, sin dejar de surtir en hospitales, cárceles, hoteles y transportes.
Algunos hermanos pidieron algunos ejemplares para llevárselos a sus congregaciones, más no se accedió puesto que las congregaciones ya tienen la salvación en Cristo y tienen al Espíritu Santo, que los ayude en mantener la fe. Dicho esto, en sujeción aceptaron la decisión del hermano, los hermanos que solicitaban los nuevos testamentos para sus congregaciones. Posteriormente, el hermano programó el rol de actividades y lugares asignadas a los hermanos presentes, para luego degustar suculento desyuno, no sin antes agradecer al Padre por tal bendición.
Mientras las viandas eran servidas, el hermano se percató de mi presencia y después de una salutación me preguntó si era la primera vez que asistía- a lo cual le contesté que sí por la invitación de un hermano. Luego me preguntó en dónde me congregaba y le contesté:
–En las casas, desde hace tiempo el Espíritu nos ha llevado a congregarnos de ese modo, en una sencillez y practicidad para disfrutar el acuerdo que Jesucristo vertió sobre los que había dispuesto el Padre, en el descanso y paz sobre su iglesia para leer el nuevo testamento que contiene la palabra de Jesucristo-.
El hermano comentó que conocía de ese movimiento, que estaba creciendo en los últimos tiempos a lo cual le llamó “células”, mas respondí que no era nuevo, sino que había iniciado desde el momento de Pentecostés, al bajar el Espíritu Santo en un aposento sobre los apóstoles. El Espíritu Santo registra que la iglesia estaba en las casas de los hermanos y que éstos eran buscados en sus casas por sus perseguidores, ya que no está solicitada la construcción de templos para los hijos de Dios por la fe en Jesucristo.
Él entonces inquirió si tenía una cobertura de alguna denominación y como respuesta expliqué que la única cobertura era Jesucristo como Hijo de Dios, sentado a la diestra del Padre y este conocimiento provenía del Espíritu Santo.
Mientras comíamos, sentí que el hermano había recibido el mensaje de parte del Señor y al despedirnos me dijo: -mi labor es repartir los nuevos testamentos- y al cual le contesté: -amén hermano-.
Al salir del lugar, me vino el siguiente pensamiento leyendo el nuevo testamento que es un gran paso para conocer la verdad: Jesucristo. Ahora sigue la parte importante de congregarse en el nombre de Jesucristo y de vivir en el Espíritu y esa labor es encomenda a muchos hermanos. Amén.

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