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Discurso de Amor

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 16 dic 2017
  • 4 Min. de lectura

A continuación transcribo el discurso de amor de un fiel y auténtico siervo del Señor Jesús. Este discurso no es leído en ningún lado por los mercenarios que ocupan lugares privilegiados en las congregaciones, debe ser leído una y otra vez para identificar y ponerlos a la luz a todos esos mentirosos que se ponen al frente de las congregaciones para servirse de los hermanos.


No hay explicación para estas palabras vertidas por el Espíritu Santo en boca de Pablo, en una despedida que registra el amor de sufrir, soportar, esperar y creer. Estas deben ser las palabras de los siervos del Señor Jesucristo que visitan iglesias, no fueron dos visitas, un mes, algunos discursos fueron tres años de grandes enseñanzas y demostraciones de poder de lo Alto. Lleva tiempo el estar ordenado para testimonio. Debemos entender que nada es eterno, que aquí todo tiene un tiempo, un principio y un fin. Pablo ya sentía en su interior que su ministerio lo llevaría a otros rumbos diferentes a lo que habia estado haciendo (viajar) y aunque no sabía exactamente lo que habría de acontecer, el Espíritu le mostró despedirse.


El mismo Señor Jesús por el Espíritu avisó a sus discípulos lo que le habría de acontecer. Así mismo Pablo, reveló que su sacrificio estaba cerca y que ya no verían más su rostro. De esta manera, el Espíritu revela que la hermandad se compungió demasiado por su despedida, pues la carne es débil y al ser miembros de una familia, duele cuando un miembro de nuestra familia se retira. Pero así con la tristeza llega la consolación. La consolación que pronto estaría en la eternidad en el gozo de haberse tenido como merecedor de vituperio (cosa que los actuales engañadores rehúyen) y con la esperanza de recibir un galardón de manos de aquél que se sacrificó por nosotros.


Así habrá de acontecer. Dios nos mostrará con tiempo por el Espíritu cuando nuestra hora se acerque, para enviar palabras de aliento, consuelo, esperanza, fe, amor, paciencia y sobre todo, humildad a nuestros cercanos, pues el reflejo que somos y dejaremos de ser para ser verdaderos seres espirituales junto con nuestro Eterno Señor y Padre, es un proceso irreversible y los que se queden reciban el mismo consuelo de ser pacientes. El partir de este mundo es sin duda doloroso para los que se quedan, pero es la mejor de las noticias (junto con la de creer en Jesucristo como el Hijo de Dios) y es ahí donde el consuelo se genera. Un día todos los hijos de Dios habremos de recibir ese telegrama espiritual “Hijo(a), prepara tu viaje, te espero pronto. Atte. Tu Padre”. Este comunicado desde lo Alto nadie en el Espíritu quiere transferirlo, sino al contrario, recibirlo lo más pronto posible, más todo a su tiempo.


No desistamos, sino trabajemos diligentemente en los asuntos del Señor. El mundo NO TIENE esta garantía de VIDA después de la vida y por eso tiene miedo de morir. Lo importante es mantenerse en la vida espiritual de Cristo Jesús. Se transcribe literal el discurso de Pablo a los ancianos:


17 Enviando, pues, desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia. 18 Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, 19 sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos; 20 y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, 21 testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo. 22 Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; 23 salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. 24 Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. 25 Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. 26 Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; 27 porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios. 28 Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. 29 Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. 30 Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. 31 Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. 32 Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados. 33 Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. 34 Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. 35 En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir. 36 Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos. 37 Entonces hubo gran llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, le besaban, 38 doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco. Amén.

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