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Editorial 195

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 31 dic 2017
  • 4 Min. de lectura

La paz, gracia y conocimiento del Señor Jesucristo en vuestro espíritu


La verdad de Dios confronta a la retórica muy definida del mundo, tan necesaria para construir un sistema imitador al orden establecido por el Padre y así engañar a los más inteligentes, cultos y sabios del mundo. La sabiduría popular sostiene que lo barato sale caro y eso aquí es cierto. En el mundo en innumerables ocasiones comprar objetos demasiado económicos terminan rápidamente en desuso, son fáciles de romperse y finalmente terminan en la basura.


Mas en el evangelio de Jesucristo no opera este adagio antiquísimo, sino todo lo contrario. La gratuidad es la forma de obrar de Dios al otorgar la salvación y la vida eterna con solo creer en el Señor Jesucristo. Pero como en todo negocio, para hacerlo crecer se deben realizar diversas operaciones para salir fortalecidos y permanecer en victoria hasta lo último en nuestras vidas.


El evangelio es gratuito y la fe se te da por obra de Dios.


Tú solamente crees, confiesas su nombre y lo guardas en tu mente y en tu corazón.


Con ello ya eres salvo, te mantienes en relación con Dios por medio del Señor Jesucristo y aspiras a una vida eterna en su presencia. Hasta en estos conocimientos se comprueba que el plan de salvación creado por Dios es gratuito y victorioso y para llevarlo a cabo te envía su Espíritu Santo como socio para que te guíe y asesore en toda actividad espiritual.


Como somos parte de este mundo el Señor quiere que permanezcas en el Camino y seas vencedor del mundo así como él lo hizo. Por ello requiere ciertos actos de fe que te llevarán a experimentar su poder, su amor y justicia, logrando tales condiciones de vida espiritual entonces te demanda invertir en fe y esperanza en su palabra para que alcances los rendimientos financieros que te hagan vivir en victoria y consisten en:


Llevar su yugo que no es pesado


Apartarse del mundo


Renunciarte a ti mismo


Cargar la cruz del evangelio


Ir en pos de él


Con estas manifestaciones del Espíritu Santo en ti solo te queda acompañarlo ya que tu deseo se convertirá en realidad y el que hará la obra en ti es el Espíritu Santo. Puedes cometer errores, pecados, vivir en debilidades. Sin embargo, el Espíritu te recordará que todas esas cuentas ya han sido pagadas por el Señor Jesucristo. Ahora bien: los dividendos que puedes obtener a través de esta práctica de negocios espiritual son:


Reinar mil años con el Señor Jesús en esta tierra


Vivir en la Nueva Jerusalén


Reinar con él en su templo por toda la eternidad


Y como en todo negocio hay riesgo, pero aquí el único riesgo depende de ti: Si rechazas o aceptas invertir en los negocios de Dios y no en los del mundo.


Si alguien se decanta por los negocios del mundo, vivirá bajo la misericordia de Dios, estando los días que ya le fueron otorgados cuando nació, siguiendo las reglas del mundo, sabiendo que al final de éstos, ya habrá disfrutado, trabajado, gozado, sufrido, etc., lo que en vida tuvo, anheló o necesitó y lamentablemente en esos días es cuando al ver su chequera espiritual notará que es pobre. Casi siempre las personas que tienen finales largos sufren de una angustia indescriptible al notar que dedicaron sus vidas a lo que fue el mundo, el yo, la religión o modo de vida y todo eso ya se acaba junto con ellos y con sus pocas fuerzas buscan llevarse unos cuantos centavos a la siguiente etapa pero, ¿sin Jesucristo? ¡Imposible! Si él, el Señor Jesucristo, no reconoce a alguno como alguien de los suyos, le apartará, no habiendo quién pueda convencer al Padre le deje entrar a su gloria.


La muerte es un boleto que otorga Dios a todo ser humano para trascender en la realidad de la eternidad, más la cuestión es ¿dónde elegir estar?


Si ese alguien en cambio, se decide por hacer negocios con el Padre y el Hijo, bueno, entonces habrá que ser astutos y mansos, diligentes, porque ahora sí, después de firmar el contrato deberemos ser inteligentes para mercar con el amor, la fe, la esperanza como divisas a los pobres seres del mundo de estas monedas. Recibir a cambio almas para Jesucristo, ser buen testimonio ante el mundo, realizar milagros, sufrir vituperios, lograr que el mundo alabe y reconozca la verdad de Dios en la vida del hombre a través de la fe en nuestro Señor Jesucristo. Obviamente ni el maligno, ni el mundo, ni la humanidad en general desean hacer negocios con Dios. Pero, trabajando diligentemente bajo el manual que Jesucristo dejó, asesorados por el mejor consejero financiero, el Espíritu Santo y auspiciados por Quien es el Único cuya firma sí vale, el Padre, Creador de los cielos y la tierra. El arte de hacer negocios no es fácil, pero a cambio rinde muchos réditos espirituales, dividendos eternos que el Señor Jesús habrá de canjearlos con el cumplimiento de sus promesas cuando estemos en su tribunal, después de unas merecidas vacaciones en el paraíso, cortesía de nuestro Buen Pastor.


Por eso dejemos de ver el evangelio como simple retórica, solo palabras hermosas y teóricas, dándole el correcto significado a que son hechos y acciones ejecutados en esta vida con total injerencia y repercusión en nuestro futuro.


Todos somos negociantes: al buscar empleo, al comprar o vender, al intercambiar ideas u opiniones, al realizar trueques o regalar algo porque siendo honestos, siempre esperamos tener un beneficio a cambio: amor, gratitud, gracia, ayuda, consejo, dinero, objeto, compañía, lealtad, apoyo, información, confirmación, etc.


Ciertamente en el mundo hay aflicciones, más en la vida espiritual hay esperanza y amor de lo Alto. Amigo lector: inicia esta vida espiritual guardad para ti con tan sólo creer que Jesucristo es Hijo de Dios. Amén.

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