No maldecirás a un príncipe de tu pueblo.
- Cuerpo Editorial

- 31 dic 2017
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Los creyentes en Jesucristo en la actualidad deben tener cuidado con juzgar o hablar mal de las autoridades deliberadamente, toda vez que es una enseñanza del Espíritu Santo que toda autoridad proviene de Dios y por ende debemos obedecerla y respetarla, sea del gusto o no de alguien. De lo contrario, caeríamos en pleito con Dios y jugando en contra de quien lo haga definitivamente al ser en desobendientes.
El relato inicial que se describe en el capítulo 23 del libro de los Hechos de los apóstoles describe cómo el apóstol Pablo reconoce su error al hablar mal sobre una autoridad religiosa.
Otra enseñanza es la división existente en naciones y religiones y hasta en la actualidad existe siempre el pensamiento opuesto entre al menos dos facciones. Lo mismo se puede ver en todos los estados actuales, teniendo incluso subdivisones dentro de las mismas facciones. La polaridad es parte de una voluntad Dios: lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, el odio y el amor etc.
Pablo lo sabe y ve que sus agresores y enemigos pertenecían a las dos principales sectas: saduceos y fariseos. En sus tiempos mozos él fue fariseo, así que conoce la ideología de tal facción y conforme a la lección del Señor Jesús, actuó astutamente y los prendió en la división al declararse hijo de fariseo y simpatizante de sus doctrinas. Esto prendió aún más a la turba con los fariseos ahora de su lado reconociendo no tenían algo concreto en su contra y los saduceos arremetieron aún más airadamente contra él.
La autoridad romana actúa con rapidez y sustrajo a Pablo de los violentos y pasionales arrebatos de la multitud y mandó resguardar a Pablo de todos esos ataques de la turba. Pablo había obrado con la inteligencia natural del conocimiento y apoyado en la ciencia espiritual del Señor Jesús. Una combinación agradable de sortear los embates del enemigo de Dios.
A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma. Todo está en manos del Señor Jesús, él ha hecho las obras desde antes de la fundación del mundo y Pablo confiado espera en el poder del Señor Jesús para seguir en su encomienda. Amén.
Transcribimos los versículos que dan pie al anterior tema.
1 Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy. 2 El sumo sacerdote Ananías ordenó entonces a los que estaban junto a él, que le golpeasen en la boca. 3 Entonces Pablo le dijo: !!Dios te golpeará a ti, pared blanqueada!¿Estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y quebrantando la ley me mandas golpear? 4 Los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios injurias? 5 Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: No maldecirás a un príncipe de tu pueblo. 6 Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo ,hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga. 7 Cuando dijo esto, se produjo disensión entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió. 8 Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas. 9 Y hubo un gran vocerío; y levantándose los escribas de la parte de los fariseos, contendían, diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si un espíritu le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios. 10 Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado por ellos, mandó que bajasen soldados y le arrebatasen de en medio de ellos, y le llevasen a la fortaleza. 11 A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma.

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