Y de un cierto Jesús, ya muerto, el que Pablo afirmaba estar vivo.
- Cuerpo Editorial

- 14 ene 2018
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Hasta el capítulo 25 Pablo había sido presentado ya ante tres autoridades romanas: Lisias, Félix y Festo, y este último queriendo congraciarse con el rey Agripa, le expuso al rey la causa de Pablo. Y ante un relato preciso y conciso el Espíritu Santo muestra una relatoría de hechos para dar a conocer la causa que le imputaban los ancianos y autoridades religiosas de los judíos.
Una de las frases que registra el Espíritu Santo consiste en el tópico de esta semana “y de un cierto Jesús, ya muerto, el que Pablo afirmaba estar vivo”. Para Festo le era muy confuso entender la nueva doctrina del Señor Jesucristo, recordemos que el evangelio del Señor Jesucristo estaba iniciando en todo el mundo y no todos lograban comprender los pilares del conocimiento espiritual ordenado por Dios.
Lo destaca en éste versículo pero algunos creyentes olvidan que el Señor Jesús está sentado a la diestra del Padre y reina con majestad en los cielos como en la tierra, no solamente vive. Además, es constituido como cabeza de su iglesia en este mundo, pero algunos pro-judaizantes quieren hacerse de falsas promesas a los judíos en lugar de estar con quien le ha sido entregado todo: potestades en los cielos como en la tierra, extraviándose. Jesucristo murió y resucitó, vivió un tiempo con los discípulos antes de partir para dar testimonio de su gran poder y sus discípulos se encargaron de proclamar las buenas nuevas a toda creatura. Pablo tuvo su ministerio por el mismo Señor Jesús en condiciones por demás milagrosas y hasta lo que se ha sabido es la última forma de manifestarse el Señor Jesús, ahora todo lo ha dejado a su Espíritu en la vida de los miembros de su iglesia.
Lo que fue difícil de entender por Festo y el rey Agripa es en realidad un sencillo misterio que los hijos de Dios tenemos como base de nuestra vida espiritual. El poder de Dios sobre la misma muerte, al otorgarnos un conocimiento excelso espiritual para rodearnos de su gracia y majestad, aun cuando seamos carne estamos revestidos del linaje divino de Cristo en nuestro ser. Pablo contó con esa presencia, al igual que todos que hemos sido fundamentados en el conocimiento perfecto del Hijo de Dios.
Festo quería más detalles para sustentar mejor la base acusatoria hacia Pablo por parte de los judíos, de ahí la importancia de presentar a Pablo, a fin que el rey Agripa aportara algún indicio sobre el asunto y tener los fundamentos acusatorios para enviarlo a Roma ante César. Toda la evidencia presentada no era digna para entablar un juicio y mucho menos de privarle la vida. El reto de Festo era llenar con cargos reales que ameritasen prisión y la remisión ante el César, aun cuando él no hallaba motivos para juzgarle estaba obligado a conjuntar las posibles causas para demostrar con hechos alguna presunta responsabilidad. Su principal preocupación era conservarle la vida a Pablo ante los constantes asedios que hacían los judíos. Transcribo los siguientes versículos:
13 Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesárea para saludar a Festo. 14 Y como estuvieron allí muchos días, Festo expuso al rey la causa de Pablo, diciendo: Un hombre ha sido dejado preso por Félix, 15 respecto al cual, cuando fui a Jerusalén, se me presentaron los principales sacerdotes y los ancianos de los judíos, pidiendo condenación contra él. 16 A éstos respondí que no es costumbre de los romanos entregar alguno a la muerte antes que el acusado tenga delante a sus acusadores, y pueda defenderse de la acusación. 17 Así que, habiendo venido ellos juntos acá, sin ninguna dilación, al día siguiente, sentado en el tribunal, mandé traer al hombre. 18 Y estando presentes los acusadores, ningún cargo presentaron de los que yo sospechaba, 19 sino que tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su religión, y de un cierto Jesús, ya muerto, el que Pablo afirmaba estar vivo. 20 Yo, dudando en cuestión semejante, le pregunté si quería ir a Jerusalén y allá ser juzgado de estas cosas. 21 Mas como Pablo apeló para que se le reservase para el conocimiento de Augusto, mandé que le custodiasen hasta que le enviara yo a César. 22 Entonces Agripa dijo a Festo: Yo también quisiera oír a ese hombre. Y él le dijo: Mañana le oirás. 23 Al otro día, viniendo Agripa y Berenice con mucha pompa, y entrando en la audiencia con los tribunos y principales hombres de la ciudad, por mandato de Festo fue traído Pablo. 24 Entonces Festo dijo: Rey Agripa, y todos los varones que estáis aquí juntos con nosotros, aquí tenéis a este hombre, respecto del cual toda la multitud de los judíos me ha demandado en Jerusalén y aquí, dando voces que no debe vivir más. 25 Pero yo, hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y como él mismo apeló a Augusto, he determinado enviarle a él. 26 Como no tengo cosa cierta que escribir a mi señor, le he traído ante vosotros, y mayormente ante ti, oh rey Agripa, para que después de examinarle, tenga yo qué escribir. 27 Porque me parece fuera de razón enviar un preso, y no informar de los cargos que haya en su contra. Amén.

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