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Dos verdades expuestas por Pablo:

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 20 ene 2018
  • 6 Min. de lectura

¿Se juzga entre vosotros cosa increíble que Dios resucite a los muertos?

Para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.


Pablo ante el rey Agripa en su defensa, utiliza cuatro fases de su vida y su visión de las cosas de Dios. Sabía que el rey contaba con el suficiente conocimiento de la religión judaica para determinar si lo que procedía de sus acusadores consistía en ofensas al César o bien a las instituciones judías.


En el capítulo 26 del libro de los Hechos de los apóstoles el Espíritu Santo registra esta semblanza de comparecencia del apóstol Pablo ante Festo y el rey Agripa antes de ir a Roma.


En su primera fase Pablo refiere que es muy conocido en la nación judía, se auto proclama judío y perteneciente a la secta farisea que entre otros conocimientos creen en la resurrección de los muertos en los cuales pregunta Pablo a su juzgador:


8 ¡Qué! ¿Se juzga entre vosotros cosa increíble que Dios resucite a los muertos?


La resurrección de Jesucristo es una prueba plena para lo que ha sido diseñado el hombre, todos vamos a resucitar: unos para condenación y otros para salvación. Es increíble que entre el pueblo judío hubiese una secta que niega la resurrección a pesar que la ley y los profetas lo confirmaban, no creían. Luego hay quienes quieren seguir a un pueblo dividido en sus creencias, tener la verdad en sus manos no quiere decir ser obedientes a la fe. La diferencia consiste que la resurrección para salvación proviene de Jesucristo y la de condenación por ignorar y rechazar esa salvación.


Agripa, en lo último de sus pensamientos acepta como verdad esa facción y no puede culpar a Pablo por esa afirmación.


En su segunda fase: Pablo explica lo que hizo en su trayecto como judío, es una realidad su versión al evangelio de Jesucristo, Pablo estaba en contra de la nueva verdad de Dios, en su carne le dolió hasta lo último de su ser y defendió a su religión como otros tantos, pero a diferencia de otros, Pablo sí fue un verdadero practicante de la ley, los otros simplemente estaban en celo y rebeldía y no querían servir a Dios, pues buscaban más favor, poder y renombre humano.


Hoy existen muchos religiosos celosos de su religión, de sus líderes y de todo su entorno religioso, más al conocer en lo último de sus conciencias a Jesucristo y además tanta leuda les hace dispersarse en su camino. Para ellos, como el apóstol Pablo, tienen que oír la voz del Espíritu del Señor, apartarse de su religión y salir al camino y a la vida.


Pablo demuestra con ello que su proceder viene de los judíos, su relato convence al rey Agripa; afirma su pensamiento que Pablo es inocente de los cargos que le acusan.


Tercera fase. Pablo describe su conversión gloriosa de volverse siervo de Jesucristo, no fue por su voluntad sino fue tomado por aquél que decían está muerto, pero vive en la eternidad con el Padre y escucha su nueva misión de ahora en adelante; dejar de perseguir a los hijos de Dios y dedicarse al servicio:


16 para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti,

17 librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío,

18 para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.


Pablo reconoce esa visión espiritual donde se aparece el Señor Jesucristo. El mundo gentil lo aguarda, el tiempo ha llegado para la iglesia de Cristo, una iglesia que solo reconocerá a Cristo como su cabeza y el único intercesor ante el Padre. Las religiones de hoy han cambiado esto porque provienen de satanás y aquellos que en verdad quieren establecerse en comunión con Dios tienen que salir a la luz admirable.


Pablo estuvo en tinieblas, atacar a la verdad o no creerla procede de satanás. Los hombres destinados para la salvación tienen que ser moldeados exclusivamente en Jesucristo.


El rey Agripa escucha atentamente el dicho de la boca de Pablo, en su interior la palabra de Dios actuó como espada de dos filos, quedando inerme ante tales palabras y no contrapone a Pablo. La verdad ha sido dicha y hay una consecuencia de aceptación pasiva al escucharla.


En su cuarta fase, Pablo solo tiene un hecho por hacer: obedecer el ministerio que le ha sido encomendado por el Señor Jesús. De ser perseguidor de la iglesia y consentidor de la muerte de los santos a manos de los judíos, ahora padece por llevar el nombre de Jesucristo al pueblo judío y alude a Moisés y profetas que anunciaron la venida del hijo de Dios para redención del pueblo judío. ¿Cuál es el delito o falta que merecen la tortura ante los dichos y hechos de su vida entre los judíos? ¿En qué ofende a los judíos su proceder de anunciar el nuevo camino de la fe?


El rey Agripa y Festo escucharon con atención su defensa y no vieron ningún motivo para castigar a Pablo con prisión, azotes o muerte. Los judíos no mostraron evidencia ni prueba concluyente de sus acusaciones y por lo tanto Pablo describía una vez más la injusticia del pueblo judío. La estratagema de Festo de conocer la opinión del rey Agripa para basar con argumentos demostrativos del inculpamiento de Pablo, confirma su razonamiento de la inocencia de Pablo, no hay mucho qué contrariar la verdad por sí sola se defiende y la fe se demuestra con la obediencia a la palabra de Jesucristo.


El Espíritu Santo concluye (en la defensa de Pablo) la descripción de los hechos y los alegatos suficientes para acallar y neutralizar las acusaciones de los judíos, demostrando la confianza de seguir la palabra de Jesucristo. Sal de tu religión a la vida espiritual que te ofrece el Señor Jesús. Amén.


Transcribo los primeros versículos del capítulo 26 del libro de los Hechos de los apóstoles.

Entonces Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar por ti mismo. Pablo entonces, extendiendo la mano, comenzó así su defensa: 2 Me tengo por dichoso, oh rey Agripa, de que haya de defenderme hoy delante de ti de todas las cosas de que soy acusado por los judíos. 3 Mayormente porque tú conoces todas las costumbres y cuestiones que hay entre los judíos; por lo cual te ruego que me oigas con paciencia. 4 Mi vida, pues, desde mi juventud, la cual desde el principio pasé en mi nación, en Jerusalén, la conocen todos los judíos; 5 los cuales también saben que yo desde el principio, si quieren testificarlo, conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión, viví fariseo. 6 Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres soy llamado a juicio; 7 promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche. Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos. 8!!Qué! ¿Se juzga entre vosotros cosa increíble que Dios resucite a los muertos? 9 Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret; 10 lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. 11 Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras. 12 Ocupado en esto, iba yo a Damasco con poderes y en comisión de los principales sacerdotes, 13 cuando a mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo. 14 Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón. 15 Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 16 Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, 17 librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, 18 para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados. 19 Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial, 20 sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento. 21 Por causa de esto los judíos, prendiéndome en el templo, intentaron matarme. 22 Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder: 23 Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los gentiles.

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