Y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo.
- Cuerpo Editorial

- 27 ene 2018
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El capítulo 27 constituye una importante enseñanza para los creyentes en el Señor Jesús en nuestros tiempos, pues hoy en día pierden la fe por estar viendo al mundo y querer hacerse del mundo, en lugar de ver a Jesucristo como cabeza de la iglesia.
El viaje de Pablo a Roma fue uno de los viajes más accidentados que pudieran ocurrir a barco alguno en ultramar. Pablo fue puesto en un barco para ser presentado al César y solventar su juicio en condiciones imparciales y justas.
El viaje fue un trayecto por demás tormentoso en el cual Pablo advirtió al centurión romano (su custodio) de las futuras inclemencias del tiempo y la necesidad de permanecer en tierra. Sin embargo, el piloto y el dueño de la nave convencieron al centurión de lo contrario y éste confiado en los expertos marinos se hizo a la mar.
El relato es por demás rico en detalles de operaciones y acciones marítimas. El Espíritu Santo registra a Pablo conocedor y dominante de la situación. Pablo era un prisionero juntamente con otros que iban a ser enjuiciados en Roma, custodiados por el centurión romano y soldados, además de la tripulación del barco.
Un barco de madera que contaba con timón y velas, quienes juntamente con el viento hacían la combinación perfecta para echar andar la embarcación. Barco rústico que llevaba mercancía y alimentos. Pablo, al ver que no dieron crédito a su advertencia, humanamente sintió temor de lo que habría de acontecer. Un ángel del Señor (mensajero de Dios) fue hacia él y le dijo: “Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo”.
Pablo experimentó temor. Las tempestades en el mar son altamente cargadas de peligrosidad y de consecuencias fatales y a pesar del transcurso de dos mil años el mar sigue constituyendo un gran misterio y grandes adversidades a los barcos de alta tecnología. El barco que transportaba a Pablo era de madera y ante los embates del huracán estaban a merced las fuerzas naturales, de acuerdo con la descripción que el sol no aparecía y los fuertes vientos viniendo de todos los lados, hizo de mucho sufrimiento. Sin embargo el ángel le da a Pablo la confianza de que el Señor protegería en ese viaje a todos los que estaban con él.
La enseñanza es que todo está en manos del Señor Jesús y nuestra confianza debe estar depositada en él y él es el único que nos puede dar la paz y la esperanza en él. El hombre alrededor de los hijos de Dios es muy dado a confiar en sí mismo y en obrar para sí mismo. Debemos manejar las circunstancias en el nombre de Jesucristo y tomar señorío en casos de desastres, adversidades y peligros que atañen nuestro entorno.
Pablo por el Espíritu descubre las tretas de los hombres y le hace una confesión al centurión romano y éste rápidamente obra para deshacer las argucias de los marineros. Pablo emerge ganador en esta prueba difícil registrada por el Espíritu Santo para que no nos preocupemos sino nos mantengamos firmes en el Señor Jesús.
Durante esa zozobra es necesario tirar las mercancías, para los hijos de Dios debemos de comprender que las cosas materiales no nos pueden atar a este mundo y nuestras vidas tienen un alto precio. El capítulo 27 de los Hechos de los apóstoles establece que los 267 que estaban en la nave salieron ilesos de dicha adversidad, cumpliéndose la profecía del ángel enviado por el Señor Jesús. ¡Tened ánimo hermanos en la palabra de Jesucristo! Amén.

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