Jesucristo fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad
- Cuerpo Editorial

- 10 feb 2018
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La carta a los romanos constituye un llamado a la libertad para los creyentes fundadores de la iglesia; a no dejarse persuadir de las religiones corruptas que manipuladas por el enemigo de Dios los hace crear sistemas de opresión y engaños teológicos falsos para dominarlos y sustraerlos de la verdad.
Inicia la redacción dando esperanza a los creyentes del presente siglo con un claro evangelio que el mismo Dios de los judíos es además el Padre del Señor Jesucristo. Sin entrar en detalles Pablo por el Espíritu Santo declara que Jesucristo fue profetizado desde las santas escrituras por los siervos antiguos de Dios, con el linaje de David según la carne y fue declarado Hijo de Dios según el Espíritu Santo por la resurrección de los muertos.
Establece que recibió el apostolado directamente por Jesucristo para enseñar obediencia a la fe en su nombre e incluye a todo creyente que se goza de ser de Jesucristo. Echa por la borda la enseñanza católica de formación de “santos hombres con apariencia de piedad” siendo solo mitos e inventos para desviar la atención a nuestro Señor Jesucristo. En Roma, como en toda localidad todo creyente en Cristo es llamado a ser santo, los que actualmente invocan el nombre del Señor Jesús somos llamados santos (apartados de Dios del mundo).
Pablo deseaba visitar Roma para anunciar el evangelio, más en un error de visión decidió primero ir a Jerusalén, sufriendo todo lo que le aconteció por desoír el mensaje del Espíritu Santo de dirigirse a su verdadero destino, pues el Señor Jesús quiso que fuese a Roma directamente.
El evangelio había sido llevado allá y eran de buen testimonio los primeros creyentes en esa ciudad. Pablo daba crédito que el mensaje había caído en buenas manos. Su enseñanza importante y prioritaria consiste en:
16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.
17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.
Pablo aún seguía como buen judío manifestando en su carne la prioridad de salvar a los judíos y a los gentiles después, contrariando un poco la misión encomendada de Jesucristo de llevar el evangelio a los gentiles; pues durante su ministerio en su primera venida manifestó claramente que los judíos, por incredulidad a las buenas nuevas, se colocarán al último de la fila de las naciones, cuando su lugar era el primero.
No hay necesidad de seguir religiones, denominaciones apóstatas o sectas desviadas de la justicia de Dios. Se revela por fe y para fe y eso nos hace justos delante de Dios y por esa fe es que vivimos.
Esta promesa tiene alcances divinos históricos desde Abraham, cuando Dios le declaró que su fe le fue contada por justicia. Para tener la salvación hay que ser justos y para ser justos hay que tener fe. De nada sirven la religión y la organización humana. La iglesia es la reunión de los santos en el nombre del Señor Jesucristo y con la fe de que es el Hijo de Dios. Amén.
Transcribo los primeros versículos del primer capítulo de la carta a los Romanos que fundamentan el tema:
1 Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, 2 que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, 3 acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, 4 que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, 5 y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre; 6 entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo; 7 a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. 8 Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros, de que vuestra fe se divulga por todo el mundo. 9 Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones, 10 rogando que de alguna manera tenga al fin, por la voluntad de Dios, un próspero viaje para ir a vosotros. 11 Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados; 12 esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí. 13 Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros (pero hasta ahora he sido estorbado), para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los demás gentiles. 14 A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. 15 Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma. 16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. 17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.




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