Editorial 208
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- 31 mar 2018
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La paz y gracia del Señor Jesucristo en vuestro espíritu
La carta a los Romanos escrita por el apóstol Pablo descubre una relación del apóstol poco conocida con el Señor Jesús. Saulo (anteriormente llamado así), tras el encuentro que sostuvo con el Señor Jesucristo y después de quedar sin vista, esperó cierto tiempo orando en una casa hasta la llegada de Ananías que le llevaba la encomienda de su nuevo ministerio conferido al obedecer el mandato: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel.
En ese momento Pablo recobró la vista y fue lleno del Espíritu Santo, si hay alguna cosa que se puede ver al leer estos pasajes del nuevo testamento es que el apóstol Pablo -en su comprensible pero erróneo amor por su pueblo Israel- invertía el mandato dado e iniciaba con los hijos de Israel, luego los gentiles y luego con los reyes.
Pablo amó mucho al pueblo de Israel y esto le generó grandes penurias a causa de su desatención al ministerio recibido. Pablo fue un judío encima del nivel de la media de Israel: estudiado, de posición económica solvente, conocedor de varias lenguas, viajero, instruido en la ley. Características que son importantes para llevar las buenas nuevas tanto a gente de toda condición del mundo gentil, a diferentes ciudades y lenguas, conocedor de otras culturas que le hacía mantener una relación privilegiada para interactuar a los lugares que visitaría. El Señor Jesús lo escoge para la difícil tarea de evangelizar pueblos alejados de Dios.
Situación muy diferente a los demás apóstoles que en su mayoría pertenecían al vulgo, locales en sus actividades, sin estudio ni preparación. Ellos estaban preparados para ejercer la publicación de la palabra de Jesucristo primeramente al pueblo de Israel y posteriormente a la caída de la ciudad de Jerusalén se esparcieron por toda la tierra.
El único capacitado para hablar a los gentiles de naciones paganas era Pablo y fue llevado en el Espíritu hablar a los pobladores de las naciones en los cuales se iba fundar la iglesia. El batalló para hablar con el clero y gente alta de los judíos de su época. El choque doctrinal de la ley hizo que Pablo no obtuviese el reconocimiento de la clase religiosa y social de su época, antes bien hacían todo lo posible por matarlo. La vida de Pablo tuvo un propósito y su principal encomienda consistió en explicar que la fe en el Señor Jesucristo constituía la salvación de la vida del hombre y de ahora en adelante la palabra de Jesucristo prevalecía para todos aquellos ordenados para la vida eterna.
El clero judío no atendió al llamado de Dios ni por Jesucristo, ni por alguno como de ellos. SAULO, confirmándose con lo que dice la escritura, a los suyos vino y no le recibieron y por consecuencia hasta el día de hoy son el pueblo que viven en el error doctrinal y hasta la fecha 24 siglos transcurridos viven apartados de la gracia de nuestro Padre hasta el día de su redención que aun se encuentra distante. Amén.

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