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Editorial 217

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 2 jun 2018
  • 2 Min. de lectura

La paz, gracia y conocimiento del Señor Jesucristo en vuestro espíritu.


Desde los albores del inicio de la iglesia en Jerusalén, ésta se ha enfrentado a muchas dificultades, una de la cuales es el consabido choque de culturas entre los dogmas judíos y las diferentes idiosincracias de las naciones gentiles. Siendo más específicos, tomaremos como muestra un botón: las múltiples opiniones surgidas con motivo de la alimentación de los primeros creyentes. Había muchos alimentos prohibidos al pueblo judío para degustar debido a la antigua ley de Dios. Se asumió extensivo a los gentiles y por ello rápidamente se extendió dicho ordenamiento entre los primeros creyentes de Jesucristo. Tan delicado se volvió este asunto que el Espíritu Santo dejó en el capítulo 14 algunas indicaciones que son necesarias para observarse y que en los temas de este blog se tratarán.


El presente editorial se dirige hacia la comunidad creyente de Jesucristo como Señor y Salvador de su alma. La intención es que todos los días de nuestra vida debemos celebrar a Cristo y por ende alejarnos paulatinamente de toda festividad distractora del mundo. Vemos con mucha tristeza que muchos hermanos en la fe viven en la emocionalidad y sentimientos en la carne que no les permite discernir que no se comportan espiritualmente con dignidad.


La única celebración autorizada para la iglesia de Cristo es la cena del Señor Jesucristo, mas ésta no es celebrada como lo estipula la escritura. Algunas congregaciones también utilizan y hacen convites después del bautismo para los nuevos creyentes, cuya usanza no está descrita la biblia y si puede hacerse o no, es cuestión de cada congregación. Lo importante es creer lo que está escrito: por cada arrepentido hay fiesta en los cielos. Otros celebran más el día de la fundación de la congregación, algún festejo interno, algunas visitas de otras comunidades, etc., aunque todo es permisible en la libertad que el Señor nos otorga.


Lo que sí es de poner atención son todas esas festividades mundanas que siguen prevaleciendo en la vida de los creyentes: día del niño, de la madre, del papá, navidad, la semana santa, asistencia a bodas de otras religiones, etc. Simplemente resulta inverosímil sigan celebrando esas cosas, porque su objetivo es alejarles de la palabra del Señor Jesús enviándoles a la contaminación con el mundo. La pregunta obligada es ¿En dónde está nuestra santidad (separación con el mundo) si seguimos creyendo en las mentiras de los hombres? Esas festividades del mundo hacen producir los pensamientos más sacrílegos y blasfemos al orden establecido por el Espíritu, no son edificantes.


Para los que siguen esos derroteros: ¿En vano murió el Señor Jesús en la cruz? ¿En vano es la salvación y la vida eterna es nada? ¿En vano es el reino de Dios en su vida, en vano es el propósito de Dios en su vida? Así de fácil es entender tu posición delante del Señor: ¿no quieres despegarte con lo de atrás en el mundo, te sigues aferrando al pasado y no dejas ir al viejo hombre en ti? Recuerda esto: el testimonio de nuestra vida es vivir la vida como Cristo para con los del mundo, no sigas su ejemplo, sigue el camino, deja a los muertos que viven en sus obras muertas y haz lo que debes hacer en el Señor por el Espíritu Santo. Amén.

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