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Editorial 219

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 16 jun 2018
  • 3 Min. de lectura

La paz del Señor Jesucristo en vuestro espíritu


La iglesia de Jesucristo se encuentra establecida en toda la tierra es donde nos reunimos los hijos de Dios por la fe en Jesucristo, acción por la cual tenemos un gran valor por la vida espiritual a través de la unción del Espíritu Santo mediante la lectura de la palabra del Señor Jesucristo. El apóstol Pablo escribió las cartas epistolares por medio del Espíritu Santo a los diferentes lugares donde se establecieron las iglesias, donde cada una de ellas por su diferente cultura, costumbres y tradiciones, recibieron el evangelio y lo adecuaron a sus realidades. En la carta a los Romanos (que terminamos hoy) el Espíritu Santo le dio un lugar primario por los grandes temas que se tratan en ella: la salvación, el destino de Israel, el amor sobre el conocimiento por causa de los débiles, la fe como principio en la vida espiritual entre otros conocimientos, etcétera.


Según se cuenta y se tiene registrado en algunos libros de historia de la época Pablo murió en Roma decapitado, aunque en la biblia no dice su forma de muerte pues es irrelevante. Su labor en Roma fue testificar a los nuevos creyentes y a los judíos que vivían en Roma de Jesucristo, mas muchos de ellos negaron la fe en el Señor Jesucristo. Han pasado casi dos mil años desde que el evangelio se propagó por todo el mundo. Han habido muchos cambios: naciones dejaron de ser, otras dejaron de tener la importancia de esos tiempos, otras emergieron y otras se han consolidado en los últimos dos siglos.


La referencia para los hijos de Dios es el Apocalipsis. Ahí el Señor Jesucristo guarda para toda su iglesia los diferentes acontecimientos que habrán de suceder antes de su segunda venida. Lo importante para los hijos de Dios es estar en completa armonía en nuestras relaciones en amor y comunión con todos los santos, a fin de dar testimonio que el amor de Dios está en nosotros.


La fe es el inicio de la esencia y perfume grato a nuestro Señor Jesús, la esperanza consolida la fe depositada a nosotros por el Padre y el amor es la culminación de la renunciación de nuestro ser, la obediencia a nuestro Padre para vivir el excelso camino de nuestro Señor Jesucristo. Cada carta se escribe para enseñar a cada pueblo y el Espíritu Santo las registra para que todos las leamos y la pongamos en acción en nuestro diario vivir por el paso de este mundo.


Roma era el centro del mundo, una gran vida cosmopolita se vivió en tiempos de Jesucristo, el evangelio se esparció en esa tierra de idolatría, de religiones que eran comunes a los ciudadanos que habitaban esa capital. El evangelio de Jesucristo chocaba con esas prácticas ajenas al mandato de Dios. Un choque tremendo fue para los primeros en abrazar la fe, ellos dieron testimonio de iniciar el gran proceso de solidificar a la iglesia, los que estamos en el espíritu de Filadelfia Dios nos ha dado un espacio y tiempo que jamás experimentó otro espíritu de iglesia.


¿Qué hacemos en esta era de protección? ¿Qué acciones realizamos para ofrecer a nuestro Señor Jesús? ¿Por qué tan ligeros en nuestro testimonio? Si en nuestra propia vida nos empezamos a llenar con cosas del mundo en lugar de estar llenos del Espíritu Santo y andar en su poder y amor, la lectura de la carta a los romanos debe ser un aliciente a iniciar una nueva vida en Cristo Jesús. Amén. Guárdate.

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