La palabra de Cristo es con demostración del Espíritu y de poder
- Cuerpo Editorial

- 3 jul 2018
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Los hijos de Dios a quienes el Padre ha puesto la fe en su Hijo Jesucristo en su vida diaria también ha introducido en el espíritu del hombre su Espíritu, a fin de conocer todo lo que tiene como revelación para su sustento y fundamento en perseverar hasta lo último. El apóstol Pablo escogido por el mismo Señor Jesús da testimonio de su conversión y de la gran diferencia en lo que es andar en el Espíritu y andar en la carne. Primero, conocedor de la ley y practicante después de la conversión vio la inutilidad de la sabiduría y retórica del hombre en enseñar el evangelio, pues aunque la ley es un cúmulo abundante de lecciones sabias y útiles para el hombre, la palabra de Jesucristo es sin duda otra dimensión mucho mayor, ya que está revestida del poder de lo Alto. Anunciar a Jesús que pagó por los pecados del mundo es una declaración aterradora para la humanidad, pues no puede ser digerida por el hombre natural que incrédulamente lucha con afán al elegir otros caminos para llegar a Dios.
Es el Espíritu el que conduce a la verdad, revela que toda promesa de Jesucristo es una realidad que permite alcanzar la perfección de poder al tener el cimiento espiritual de Jesucristo como el Hijo de Dios. La fe depositada en nosotros por el Padre está avalada por un poder que la acompaña y surge de aquella declaración del Señor Jesús “ustedes mayores cosas harán”.
El poder es intrínseco a nuestra vida espiritual, es una señal de que estás en la verdad; los hermanos que se congregan de conformidad a los rudimentos de la tradición y la costumbre no pueden vivir estas promesas. Hay que salir de esas vidas menguadas y adulteradas: el poder se vive a diario y se declara todos los días de nuestra existencia. No son solo palabras de poder, es el poder en sí mismo el que habita en nosotros para atestiguar del poder de Dios. A continuación leemos:
1 Corintios 2:1-5 Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.
2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
3 Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor;
4 y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder,
5 para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

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