¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?
- Cuerpo Editorial

- 22 jul 2018
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Uno de los peligros para toda congregación que se dice que es de Jesucristo es la jactancia, la soberbia. Es una enfermedad espiritual silenciosa, sutil y mortal para toda grey que no se afiance de continuo sobre la Roca de Salvación, el Fundamento y Base de nuestra fe.
¿Cómo detectar la jactancia? Cuando por efectos de su embriagante presencia los hermanos dejan de detectar asuntos importantes al interior de la misma. Digamos que falta autocrítica. Es decir, entre los mismos hermanos comienza a existir secrecías, pecados ocultos, hipocresías, mentiras, falsedades, omisiones, y claro, como unos se ocultan a otros, empieza la levadura a notarse.
El apóstol Pablo escribió a Corinto tocante a este tema. Había un tal que sostuvo una relación fornicaria y en la iglesia toleraron eso. No como perdonar para erradicar el mal, sino como pasar el acto por alto y permitir su acción, debilitando el testimonio con ello. No quiere decir seamos moralistas e inquisidores, sino practicantes de un estilo de vida dictado por el mismo Espíritu Santo, quien oye todo de la Deidad y nos lo comunicó.
Al mismo tiempo, el apóstol Pablo dio la salida adecuada: condenar el pecado en la carne con el propósito de salvar el alma. Y las religiones hacen lo opuesto: condenan el alma haciéndola sentirse miserable mediante condescender la imperfección de la carne, salvándola en el proceso.
Ahora bien, el Espíritu Santo es quien juzga, nosotros somos solamente sus depositarios, por eso mismo decíamos en otro blog, que no debemos nunca albergar en nuestra conciencia que nosotros somos los jueces, porque somos instrumentos en ese momento, pero siempre tenemos que observar nuestro propio testimonio. Es el Espíritu Santo a través de nosotros que señala, ordena y enseña, siendo los humildes ejecutores de tales órdenes y atentos escuchas a sus señalamientos y enseñanzas.
Para eso es la renunciación, porque como nuevas criaturas que aspiramos a ser somos esencia de Cristo, nada qué relacionarse con la carne. Por esto mismo no debemos como hijos de Dios albergar hechos o testimonios de ningún valor espirituales, tales como menciona en el capítulo 5: la borrachera, la idolatría, la fornicación, la avaricia, la maledicencia, el latrocinio. Si el apóstol Pablo declara: “con el tal ni aun comáis” ¿es porque está segmentando o discriminando? ¡De ninguna manera! Es porque si comemos con ellos es porque tenemos comunión al compartir alimentos -recordando que la premisa de la salvación es que el Señor Jesús toca a la puerta, entra y come con nosotros y nosotros con él, estableciendo la comunión-. Más adelante describiremos este aspecto, baste saber que no podemos permitir que esos pecados permanezcan al interior de la congregación.
La renunciación en estos aspectos no debe pasar desapercibida. Termina diciendo que él no está para juzgar al mundo, como nosotros tampoco, porque el Juez es Dios a través de sus mandamientos y a través de Jesucristo, su Hijo, Señor nuestro. De modo que ellos, dando el testimonio de los que están afuera tienen que estar afuera con ellos y no adentro. Adentro es Cristo, su iglesia. Amén.
A continuación, el capítulo en el cual se basa el tema.
1 Corintios 5 De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. 2 Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción? 3 Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. 4 En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, 5 el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. 6 No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? 7 Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. 8 Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad. 9 Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios; 10 no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. 11 Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. 12 Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? 13 Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros.

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