Editorial 224
- Cuerpo Editorial

- 22 jul 2018
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Que la paz y gracia del Señor Jesucristo sobreabunde en su espíritu.
Hace un par de días, un conocido a quien ya se le ha hablado de la escritura en numerosas ocasiones me comentó que estaba escuchando una estación “cristiana” en la cual el “pastor” disertaba acerca de un tópico en particular.
Mi contacto inquiría acerca de esto, puesto que la persona mencionaba acerca de “7 pasos” para la oración. Cosa más errónea. ¿Desde cuándo, después de dos mil años estos seres engañadores “descubren” que hay “siete pasos”? ¿Qué no habría sido el mismo Señor Jesús que nos diese eso? Tan pronto le tuve que interrumpir y dije: “Haz caso omiso a esos patrañeros”. Y es que, créame amable lector(a), Dios lo que menos desea es que salgamos de una religión (atadura) para entrar a otra. Cuando alguien le hable de pasos, reglas, ordenanzas, mandatos, y adjetivos humanos de esa naturaleza comience a poner atención, pero cerrar su corazón para no guardarlos, porque probablemente sean mandamientos humanos disfrazados de palabra de Dios.
Lo que alcancé a oír antes de interrumpirle es que debían leer cierto salmo (¡un salmo, hágame usted el favor!) a cierta hora en la madrugada dentro de esos 7 pasos (donde de por si el número siete para algo relacionado a Dios ya denota algo de misticismo). Si se fijan, cuando Dios habla de números es para demostrar su orden y sapiencia. Pero no en todo enumera. El Señor Jesucristo tampoco.
Además, por el Espíritu Santo no se nos instruye que hagamos oraciones basadas en salmos (a la usanza judía) y por demás ajena y contraria a Jesucristo y su doctrina ¿No querrán que como los católicos tengamos dogmas opresivos, como los judíos repitamos palabrería vana y como los árabes orientemos la cabeza a cierta ciudad? ¿No dijo el Señor Jesucristo que su reino no es de este mundo? ¿Luego como ahora después de dos mil años cambia de opinión?
Pero estos contumaces, rebeldes, instigan una y otra vez a dejar la estirpe espiritual y se mundanicen, dejen de tener fe en aras de crear prosélitos y condenarles a los que decidan despreciar el sacrificio de nuestro Señor Jesús por andar en la podredumbre de las cosas terrenales y humanas.
Pero ustedes no cedan en guardar celosamente las palabras de nuestro amado Señor Jesús, porque eso es nuestro salvoconducto. Amén.




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