Editorial 225
- Cuerpo Editorial

- 29 jul 2018
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Paz y gracia del Señor Jesús en su espíritu.
La división es una de las enfermedades que destruyen la comunión de una congregación. Una cosa es estar en desacuerdo, otra cosa es tener diferentes opiniones, una más es no coincidir en una decisión. Pero otra más es estar divididos.
La división es la incapacidad de estar unidos, la imposibilidad de mantener una cohesión, la falta de un mismo sentir, pensar y creer. Para que dos personas estén divididas, implica que no se toleren mutuamente. Se confronten continuamente por cualquier cosa y sean incompatibles de carácter.
Los anteriores atributos es común verlos en la calle, en la escuela, en el trabajo, incluso en la casa con algunos miembros de la familia. Lo que resulta insólito es que en una misma congregación que se dice ser de Cristo suceda eso. Cuando el Señor Jesús habló de división, se refirió al rompimiento de todo contacto con la religión judía y con el mundo. NUNCA al interior de su iglesia.
¿Pero qué han hecho muchos? Pues lejos de seguir los mandamientos de Cristo instigan unos contra otros peleándose el control de la congregación como si fuera una silla presidencial o un trono real. Luchan por el título de “pastor” cuando solamente hay uno, Jesucristo, el Hijo del Dios Viviente.
Otros se pelean por tener bienes materiales, otros más pugnan por ser nombrados como seres con títulos especiales: “encargado de alabanza”, “tesorero de la pastora”, “secretario principal del diácono”, “diácono”, “co-pastor”, “pastora”, “ministro de Dios”, “maestro”, “profeta”, “apóstol y evangelista”, “reverendo”, etc., y la lista de títulos “nobiliarios” sigue y sigue.
Pero basándonos en el nuevo pacto, solo existen algunos ministerios al interior de las congregaciones y nadie los procura. Prefieren estar inventando puestos, crear falsas responsabilidades y lo principal que es:
Rogar por la venida de Cristo
Atar las asechanzas del enemigo y el mundo contra la iglesia
Desatar sanidad, salvación, sustento para los apóstoles y maestros
Orar por las autoridades para que se sometan a Dios
Ver por las viudas y huérfanos
Mantener la vocación de ser fieles a los mandamientos de Jesucristo
Echar fuera a todo perro, cerdo y ser celosos de la sana doctrina
Combatir contra los lobos vestidos de oveja que buscan infiltrarse
Apoyar a los santos en prueba, tentación y pobreza
Etc.
Lo dejan fuera. Que la paz y gracia del Señor Jesús abunde en su corazón, amén.




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