Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen
- Cuerpo Editorial

- 29 jul 2018
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Cuántas veces hemos leído este versículo, tan famoso y tan mal interpretado. En lugar de verlo como un versículo libertador del dominio de la religión dogmas y prohibiciones irracionales, lo ven como el pasaporte a cometer libertinaje, justificar la reticencia a renunciarse al yo y peor aún, pretender unir a Cristo con el mundo, algo inaceptable.
Comienza el apóstol hablando de la simbiosis necesaria entre el vientre y la vianda. En aquellos años, las fiestas y comilonas eran un placer irresistible para el mundo. Vino, música, mujeres, excesos de todo tipo eran un imán muy tentador.
Ahora tenemos eso y más. Fiestas, eventos, doctrinas, deportes, internet, ideas, grupos, religiones, conocimientos, viajes, costumbres, etc., donde ahora vientre no es el sistema digestivo solamente, sino incluye a las otras vísceras: ojos, mente, cerebro, corazón, alma, cuerpo, hígado, etc., y la letrina la debida consecuencia o destino del placer que elija cualquiera.
Y el apóstol Pablo con la sabiduría de lo Alto declara: “… pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios”. A todos los placeres habidos y por haber les llegará su hora de desaparecer. Igual a quienes los practican y promueven. Pero como Dios creó al cuerpo por eso pide que no se imperfeccione con la fornicación. A todo el cuerpo de Cristo, los que formamos parte de él, Dios nos explica por qué no puede suceder, no como Dios que enjuicia sino como Padre que explica las consecuencias.
Como si nuestro papá nos dice como infantes: “Si pones ese tenedor dentro del enchufe te hará daño”; como niños: “si corres sin precaución por la calle te atropellarán”; como adolescentes: “no llegues después de cierta hora porque es inseguro, la noche se hizo para dormir”; como adultos: “no elijas cualquier profesión, sino la que además te da dinero, te dará gusto hacer”; y cuando fallece: “cumple lo que te he enseñado y llegarás viejo, cuida a todos por mí”.
No lo prohíbe como manera obligarnos a no hacerlos, sometiéndonos como esclavos. Lo dice como a hijos, advirtiendo de las consecuencias de hacerlo a sabiendas que no es correcto. ¿Quién que se presume de ser padre, no advierte a sus hijos, no como amenaza, sino como prevención? Pero como tenemos la libertad del mismo Dios, somos responsables de dar buen uso de esa libertad. Y esa libertad es regalo de Él hacia nosotros, pero con el costo que Él cubrió para darnos ese regalo con la sangre de Cristo. Leeremos a continuación lo que sustenta lo anterior. Paz de nuestro Señor Jesús sea plena en ustedes, amén.
1 Corintios 6:12 al 20
12 Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.
13 Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo.
14 Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder.
15 ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo.
16 ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne.
17 Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.
18 Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca.
19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?
20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

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