Matrimonio
- Cuerpo Editorial

- 5 ago 2018
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El apóstol Pablo, por medio del Espíritu Santo, relata una serie de útiles consejos y recomendaciones acerca de cómo debemos proceder en la congregación con respecto a Dios y no conforme al mundo y sus corrientes tocante a lo que es la ley del matrimonio, porque realmente es una ley, dictada por Dios para Su alabanza y gloria, estatutos puestos para que exista un orden y control plenos.
En el mundo se habla de innumerables tipos de unión entre dos seres humanos, los cuales Dios solo reconoce dos: Matrimonio o soltería.
El apóstol Pablo eligió ser soltero, porque supo que en su ministerio le sería por demás complicado ver por mujer o hijos, o bien dejarlos para cumplir con el ministerio. Sopesó la situación y se declaró soltero para Dios, para tener total disposición de cumplir con el deseo de su corazón de servir al Señor Jesús. Él desde su perspectiva recomienda a los que no tienen intención de procrear se mantengan solteros y usen el tiempo libre en administrar más las actividades espirituales.
Pero a los que por su naturaleza tienen pensado criar hijos, tener familia y pareja y dar nietos a sus padres, entonces deben procurarlo para evitar caer en los enredos que pone el mundo y los lazos que tiende el diablo para los hijos de Dios. Y esto porque sabemos que somos carne y unos tienen más control que otros en estos aspectos.
Incluso a los que se casan, solicita el apóstol Pablo se den un tiempo de reposo en las actividades del mundo y maritales para dedicar tiempo a las de Dios y no porque el sexo sea malo, sino que Dios es celoso y da libertad y tiempo a que las parejas dentro de la congregación se gocen en Él y también disfruten su relación como es conveniente. Como podemos ver, amados hermanos, Dios en ninguna manera restringe nuestro proceder, siempre y cuando no actuemos como el mundo.
Para Dios no existe el divorcio de separación y unión con otra persona, y luego otra y luego otra. La razón es que no hay “almas gemelas” que saltan de cuerpo en cuerpo y tenga uno que atraparlo. Luego en el mundo se toleran esas situaciones de celebridades que tienen 2, 3 o más divorcios. Dios es un Dios de orden, por eso si una pareja en Cristo decide separarse, no hay más, ni afuera ni adentro. Deberán quedarse separados si creen poder contenerse o bien reconciliarse si no pueden contenerse. Pero aquí es enfático que el marido no abandone a su mujer.
Y aquí alguien podrá preguntar: Pero, ¿qué si mi cónyuge me maltrata, no me atiende, me descuida? Poderoso es Dios hermanos míos que él conoce las intenciones de cada corazón y hablo no como abogado sino como uno de los hijos de Dios: que quien albergue maldad en su corazón para lastimar a su pareja, provista y concedida por Dios, sepa que atenta contra Cristo mismo, lapidándole.
Y hay que menguar, hay que sufrir el agravio, como a hijos fervientes conviene, porque para amor, fe y templanza somos llamados, pero llegado el límite hay que aclarar la razón de las discordias. Puesto que carne somos y a veces se actúa sin conciencia, más otras con toda la conciencia. Si no quiere alguien ser reprendido por el Señor por causar división en el seno de una familia, medite antes de decir o actuar, pida guía al Espíritu Santo.
Por eso mismo Pablo no es que demerite la unión del matrimonio, sino que supo que es difícil a veces estar de acuerdo en todo. Mas es trabajo de la pareja: que entre los dos y la oración y fortaleza en el Espíritu sobrelleven toda discrepancia y resolverla antes que se lleguen a extremos donde la carne gana en detrimento del Espíritu. No es correcto buscar ayuda “profesional” del mundo porque es no tener fe.
Pero hay una regla particular, cuando el cónyuge no es creyente. En este caso hay dos opciones disponibles. La primera es que, si el cónyuge acepta que su pareja esté en la fe, entonces deben seguir juntos, porque quizá con el testimonio de su pareja creyente ese cónyuge alcance salvación. Y el otro caso, si el cónyuge desprecia a su pareja creyente entonces mejor disolver esa unión y casarse con otra que sea de la fe (no del mundo) y ahora sí establecer un nuevo vínculo, pero esta vez en el nombre del Señor Jesucristo, santifiquen esa decisión.
Las que enviuden es mejor quedarse en ese estado para que sean fuertes en oración y ruego por la congregación. Pero si consideran no pueden contenerse, entonces buscar un nuevo marido dentro de la congregación.
El Espíritu declara que, así como son llamados se queden, si solteros, si casados, si en viudez. Y una vez mas recuerda el amoroso consejo que todo matrimonio conlleva aflicciones en la carne, así que prepara a los jóvenes que decidan tomar ese paso tomen adulta conciencia que no es un juego y deberán soportar con amor cualquier reto que, como pareja y una sola carne, tengan.
Recalca otra vez que la soltería es para cuidar más los asuntos del Señor, el matrimonio para cuidar a la pareja, pero además de las cosas de Dios. El marido debe y tiene qué agradar a su mujer, porque es carne suya ahora. Lo mismo para la mujer, debe y tiene qué agradar a su marido, porque ahora es carne suya. ¿Quién en sus cinco sentidos se niega un placer cuando sabe que es legítimo disfrutarlo en tiempo y forma? Y lo digo en todos los aspectos: Una vivienda digna, una casa decente, un modo honesto de vivir, la crianza de los hijos, la convivencia intrafamiliar, etcétera y todo encomendado al Padre por medio del Señor Jesús.
Y aun para que los que tienen la duda del divorcio, Cristo jamás se divorciará de su iglesia, aun sea Laodicea, antes la arrebatará y se la llevará antes que el diablo y el hombre mismo la aleje. A continuación, el capítulo en que está basado el presente tema.
La paz y gracia de Jesucristo estén en su espíritu, amén.
1 Corintios 7
En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer; 2 pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. 3 El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. 4 La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. 5 No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia. 6 Más esto digo por vía de concesión, no por mandamiento. 7 Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo, y otro de otro. 8 Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo; 9 pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando. 10 Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; 11 y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer. 12 Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. 13 Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. 14 Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos. 15 Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios. 16 Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer? 17 Pero cada uno como el Señor le repartió, y como Dios llamó a cada uno, así haga; esto ordeno en todas las iglesias. 18 ¿Fue llamado alguno siendo circunciso? Quédese circunciso. ¿Fue llamado alguno siendo incircunciso? No se circuncide. 19 La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios. 20 Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede. 21 ¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te dé cuidado; pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más. 22 Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. 23 Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres. 24 Cada uno, hermanos, en el estado en que fue llamado, así permanezca para con Dios. 25 En cuanto a las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel. 26 Tengo, pues, esto por bueno a causa de la necesidad que apremia; que hará bien el hombre en quedarse como está. 27 ¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estás libre de mujer? No procures casarte 28 Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar. 29 Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; 30 y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; 31 y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa. 32 Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; 33 pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer. 34 Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. 35 Esto lo digo para vuestro provecho; no para tenderos lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os acerquéis al Señor. 36 Pero si alguno piensa que es impropio para su hija virgen que pase ya de edad, y es necesario que así sea, haga lo que quiera, no peca; que se case. 37 Pero el que está firme en su corazón, sin tener necesidad, sino que es dueño de su propia voluntad, y ha resuelto en su corazón guardar a su hija virgen, bien hace. 38 De manera que el que la da en casamiento hace bien, y el que no la da en casamiento hace mejor. 39 La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor. 40 Pero a mi juicio, más dichosa será si se quedare así; y pienso que también yo tengo el Espíritu de Dios.

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