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No sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 18 ago 2018
  • 5 Min. de lectura

Paz y gracia de Jesucristo sean concedidas a los amados hermanos esparcidos en todo el orbe. Amén.


El apostolado es una gran encomienda de parte del Señor Jesucristo a todo varón consagrado para tal efecto. De ninguna manera se puede menospreciar semejante acto de sacrificio en fe para estos hermanos que son los que van a la guerra espiritual, enfrentando todo tipo de obstáculos con tal de llevar el evangelio a todo ser humano y sobre todo establecer iglesias en las comunidades que visitan.


El apóstol Pablo, como hermano en Cristo, relata de manera elocuente, realista y a la vez confrontativa de lo que implica ser un apóstol. No es un ministerio diplomático en el cual se dan mensajes halagadores, dulces y aduladores. Por el contrario, al predicar la salvación y la fe, desde un inicio se insta a dejar al espíritu del mundo, a creer con el corazón y confesar con la boca y la obra hermosa de bautizarse en el nombre del Señor Jesucristo.


Ya en aquellos tiempos se le juzgaba de una u otra forma: los judíos por convivir con los perros gentiles y además hablar del Jesús crucificado como resucitado y glorificado por Dios; los gentiles, por hablar cosas relativas a los judíos e Israel; los religiosos, por cuanto predicaba a un solo Dios y a su Hijo como salvación, una fe novedosa.


Comenta el apóstol en denuedo que él en verdad puede vivir del evangelio, pero se abstiene de ejercer los derechos que bien podría tomar pues prefiere la recompensa espiritual, dándole preferencia. Ejemplifica con hechos claros por qué sí tiene derechos y por qué no se le puede juzgar a la ligera como tampoco comparársele con otros ministerios. Así también nosotros, una vez dado nuestro ministerio, debemos ser celosos y cuidadosos, dando prioridad a los asuntos de Cristo y evitar ver las cuestiones carnales y terrenales como lo principal.


De cualquier forma, el verdadero apóstol debe ser flexible en cuanto a su mensaje y no debe guardar celos religiosos o moralistas que le impidan ver con los ojos espirituales el entorno que le rodea. No es lo mismo ir a China, a India, a Etiopía o Ucrania. En el plano más cercano, no es lo mismo evangelizar en México que en Honduras, Panamá, Guinea Ecuatorial, Marruecos o Bolivia. Cada pueblo, nación, región, ciudad o barrio tienen diferente pensamiento. Y el Espíritu guiará los pasos de esos enviados así que no hay qué preocuparse a dónde ir.


El mismo Espíritu Santo habla a través de estos siervos del Jesucristo, anunciando las buenas nuevas en el lenguaje necesario para que los que estén ordenados para salvación, así como los valientes que arrebatan oigan y la fe haga su trabajo.


Pero como toda profesión y como ya se mencionó, debe cuidarse este don. Termina el apóstol comparando su ministerio con la carrera de atletismo, un deporte que exige concentración, condición, deseo, voluntad y vocación. Si se falla en el ministerio, se retira de la carrera quien falla, pero de ninguna manera pierde la salvación. Podemos pues, agregar ahora el capítulo 9, en el cual se basa esta disertación. La sabiduría celestial del Señor Jesucristo sea plena para entender este mensaje del Espíritu, amén.



1 Corintios 9

¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?

2 Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.

3 Contra los que me acusan, esta es mi defensa:

4 ¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber?

5 ¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?

6 ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar?

7 ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño?

8 ¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley?

9 Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes,

10 o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto.

11 Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material?

12 Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros?

Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo.

13 ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan?

14 Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.

15 Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria.

16 Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡Ay de mí si no anunciare el evangelio!

17 Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada.

18 ¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio.

19 Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número.

20 Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley;

21 a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley.

22 Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos.

23 Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él.

24 ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.

25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.

26 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire,

27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

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