top of page

Editorial 231

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 15 sept 2018
  • 2 Min. de lectura

Amados hermanos en el Señor Jesús, bendito sea el Padre de toda misericordia que nos concede a nosotros escribir para su honra y gloria y a ustedes el leer para gozo y edificación espirituales en la sana doctrina de Jesucristo, Señor nuestro.


Pequeños y medianos en el Señor: el espíritu del mundo es implacable. Debemos permanecer siempre atentos a no ser seducidos por todas sus muy sutiles corrientes. Recordemos que el trabajo del mundo es distraernos de Dios y Jesucristo. Quitarnos el tiempo y la atención para que Dios no sea adorado como conviene.


El trabajo del enemigo es hurtar, matar y destruir todo lo que sea relacionado a Dios, incluyendo a los que profesan su nombre y dan testimonio de Jesucristo quien le venció. No cesa en su labor de sabotear la obra de Dios porque sabe su tiempo se acerca.


Y el trabajo de la carne es sencillamente honrarse a si misma, deleitarse a sí misma, adorarse a sí misma cada que puede bajo la excusa que necesita cuidados y atención, manipulando versículos a su antojo y justificando sus yerros con que el pecado está inmerso en ella. Simplemente ser carne antes que someterse a Dios y utiliza al mundo y oye los consejos del malo para seguir siendo rebelde y pecadora.


A pesar de estos inconvenientes, nuestra alma cuenta con el apoyo incondicional del Espíritu Santo, embajador celestial que hace las paces con nosotros, prepara el lugar dentro de nosotros para que luego venga Su Majestad, el Padre; con su Hijo, el Heredero y Rey de Reyes y Señor de Señores a establecer su casa en nuestro interior.


Pero es responsabilidad nuestra, amados hermanos de mantener esa casa, ese aposento real limpio, ordenado, pulcro. No como siervos, esclavos o servidumbre, más bien como hospedadores vitalicios sinceros. Que nuestro corazón no actúe jamás como un hotel, sino como una residencia real oficial. Que no nos cause pesar o afán tenerla lista siempre para las 24 horas esté en las mejores condiciones posibles.


Consideremos pues a la Deidad, a Familia Real nuestra familia y nunca jamás nuestra visita. Porque El Padre dio al Hijo para conseguir nuestras almas, y el Hijo se brindó por nosotros para rescate de muchos, los que el Padre le dio y que, además, lo que él rescate no se le pierda ninguno.


¡Alabado sea el Padre Celestial por esta enorme acción de amor de elegirnos como casa habitación! ¡Bendito seas Señor Jesús, porque sin ti no fuese posible este asunto de ser elegidos por el Padre! AMÉN.

Comentarios


Si tiene alguna duda, sugerencia o comentario, no dude en ponerse en contacto con nosotros al siguiente correo: lasanadoctrina2014@gmail.com

 2025 Buenas Nuevas, Mty. Mx.

bottom of page