Pero al anunciaros esto que sigue no os alabo
- Cuerpo Editorial

- 15 sept 2018
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Lectores amados en el Señor Jesucristo, la paz y la esperanza del pronto retorno de nuestro Salvador sobreabunden en su espíritu, salud.
Ciertamente el estar y permanecer fieles en todo momento es una hazaña que solo puede lograrse mientras estemos investidos por el poder el Espíritu Santo y no distraigamos nuestros sentidos en las cosas y tentaciones terrenales prefiriendo a los asuntos espirituales del reino de Dios y Jesucristo.
El apóstol Pablo, luego de darnos cátedra cómo es el orden espiritual de Dios en cuanto al hombre y la mujer (ver número anterior), ahora pone énfasis en un aspecto importantísimo de la espiritualidad que como hijos de Dios tenemos que profesar formalmente, en completo amor y sinceridad del corazón.
Nos referimos a la Cena del Señor Jesucristo. En anteriores blogs se ha descrito el procedimiento y las premisas por las cuales debe realizarse para cumplir cabalmente con una de las pocas ordenanzas explícitas que nos dejó Jesucristo y luego confirmada a través de Pablo.
Mas ahora veremos las consecuencias que el no hacerlo o, mejor dicho, hacerlo mal trae consigo. El Señor Jesucristo, aunque es amor y nos ama a los que le seguimos y le amamos, es justo y no duda en permitir disciplinas a los que le desobedecen. ¿Cuántos de los que son padres, al ver una persistente conducta errónea de uno de sus hijos, por más amor que le tenga, deberá actuar en consecuencia y corregirla antes que sea demasiado tarde?
Así es Cristo. Su sacrificio en la cruz no fue cualquier cosa. Es un acto de amor total por nosotros y el máximo ejemplo de obediencia fiel al Padre. ¿Quién no se molestaría que, después de un gran esfuerzo demos un presente a un ser amado y éste diga: “¿Tanto esfuerzo para esto? ¡No me gusta!” Esto, queridos hermanos, es lo que muchos consciente o inconscientemente hacen al despreciar la formalidad que implica la Cena.
Pablo vuelve a explicar concisamente CÓMO SE CELEBRA LA CENA. Da los ingredientes, la hora, el lugar, el momento y el propósito. En donde usted se congrega ¿Se sigue tal cual? Porque sepa que si la respuesta es no, ¡Cuidado, es peligroso ser irresponsables!
La cena en el Señor Jesús no es un evento social, no es una excusa para comer gratis, tampoco para promovernos a nosotros mismos. Mucho menos el acto para establecer quién es el líder y peor aún, quien tergiversa esta ceremonia majestuosa en pro de sus intereses personales.
Si alguien por el interés mezquino de comer, comerá y beberá juicio, porque no pone las cosas en Dios sino en la vianda, lo cual ya Dios nos liberó de su yugo en capítulos anteriores. Pero es también una paráfrasis de hambre de poder y fama que los que se dicen ser “pastores” buscan en detrimento del Señor Jesús.
Los que acuden sin meditar en su conciencia si están en paz con otros hermanos se constituyen indignos, para lo cual consumen sus propios juicios.
Cuando el Señor Jesús congregó a sus discípulos, fue necesario hacerlo así para unirlos en la fe que él debía ser sacrificado y Dios le levantaría; en el amor de estar unidos como un solo cuerpo en la defensa de la naciente fe; y en la esperanza que él, como el Enviado, traería la libertad de la esclavitud en la que el pueblo judío estaba sometido.
Y aun así, es mucho mejor la dura disciplina del Señor Jesús que la condena eterna al mundo. Dios al que ama disciplina, el Señor Jesús por igual. Pero, tengamos buena conciencia y ánimo, cada quien examínese antes de participar en ella, aunque sobre todo realice cada quien en su localidad la cena del Señor Jesús como lo solicitó. Esa obediencia fiel él la premia enormemente y en la misma proporción su disciplina para quien desoye su mandamiento.
Ponemos pues a continuación el fundamento escritural de este tema, no sin antes mencionar que rogamos encarecidamente a Dios por la vida de nuestros lectores -a quienes no conocemos en la carne, pero uno somos en el Espíritu- les sea revelado completamente este conocimiento (que para muchos es misterio) y lo practiquen correctamente para su crecimiento espiritual.
Paz y gracia del Señor Jesús sobreabunden en ustedes, amén.
Corintios 11:17-34
17 Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor.
18 Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo.
19 Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados.
20 Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor.
21 Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga.
22 Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo.
23 Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan;
24 y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.
25 Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.
26 Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
27 De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.
28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.
29 Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.
30 Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.
31 Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados;
32 más siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.
33 Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros.
34 Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas las pondré en orden cuando yo fuere.




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