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Editorial 233

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 23 sept 2018
  • 4 Min. de lectura

Carta a los hermanos que forman la amada iglesia dispuesta en Venezuela:


Amados hermanos en Jesucristo, dispuestos y dispersos en la República de Venezuela: paz, amor y, sobre todo, la esperanza que el Señor Jesucristo nos brinda a diario, les sean multiplicados inmensamente a ustedes, amén. Una de las muchas manadas pequeñas de Cristo, en el noreste de México, les saludan afectuosamente en el Espíritu, salud.


Preciosos hermanos, de todos es sabido a través de los medios de comunicación de lo que ha padecido su nación debido a las decisiones del gobierno, además que estamos entrando a los últimos tiempos antes del fin. Pero hermanos: Mantengan la fe, no apaguen el amor y menos pierdan la esperanza.


La fe es lo que permite agrademos a Dios, y estando sustentada solamente en Jesucristo -quien murió por nosotros- nos guardará de toda obra maligna, del mundo y sus locuras y de toda necedad humana. El Padre es celoso de sus hijos y practicando esta fe, hermosos congéneres del evangelio, tendremos certeza que no les faltará nada.


El amor, mientras tanto, es el destello que brilla en nuestras almas, así el Señor Jesús estará más que complacido de aquéllos que sin temor, valientemente pregonan su testimonio con hechos, guardando sus mandamientos. Recordemos que el mundo nos considera enemigos y, por tanto, no debemos comulgar con éste ni sus corrientes; sino más bien ser santos, apartados al servicio de los asuntos del Reino, esto es: Testimonio y Evangelización.


Y la preciada esperanza, como agua que sacia nuestra sed enorme de justicia, paz, equidad, por sólo mencionar algunas cosas, nos es provista por medio del Espíritu Santo dentro de nosotros. Fulgurantes creyentes en Jesucristo: Existen épocas de llanto y risa y entre las naciones no es la excepción. El Padre en su Voluntad ha concedido sea el pueblo venezolano el que esté en esa situación de control por parte del gobierno, pero mientras el nombre de Jesucristo pueda ser predicado, testificado, alabado y nombrado, no hay qué temer. El Señor Jesús cuida de nosotros y aun más de los que le seguimos fielmente.


Mas no debemos inmiscuirnos en los asuntos del mundo como iglesia. No podemos ser “parte activa” de ir en contra de gobierno o autoridades, sino someternos ante toda autoridad como está escrito y, en caso de injusticia, rogar al Padre por la justicia necesaria ante cualquier momento de apremio. Los primeros hermanos padecieron de modo similar antes de la caída de Jerusalén, durante y después de ella. Momentos aciagos padecieron y padecen los apóstoles y los evangelistas. Pero nada de eso quedará impune.


Mantengámonos en el fervoroso espíritu de Filadelfia, el amor entre los hermanos puesto que, aunque ya viene en decadencia porque se acerca el fin, nos asegura uno de los mejores galardones a aspirar en la eternidad. No somos de este mundo. Estamos de paso. Nuestra verdadera patria está en los cielos.


Pidamos pues, paz, el sustento diario y rogar los unos por los otros. El hermano que escribe, el cuerpo editorial del blog, así como los miembros de esta congregación y además muchos hermanos en Jesucristo en numerosas ocasiones hemos clamado con mucha rogativa a nuestro amado Señor Jesús. Pedimos que no les falte fe, amor, esperanza, sustento y techo.


Mejor es, hermanos valerosos, la lucha que tienen que la hipocresía de otras naciones, donde algunos se han extraviado en pos de mamón, la fama y la farisaica soberbia de pregonar que “ellos están bien”. Hemos oído de congregaciones que se jactan no padecen, pero líbrenos Dios de estar así de pobres y desnudos. Somos uno con ustedes. En partes de nuestra vida hemos padecido persecución y ataques como a algunos de ustedes, aunque luego el Señor Jesucristo nos mostró un valle donde ahora nos pastorea, cuida y no permite salgamos de ahí. Por eso sabemos que su reposo ha de llegar de la manera que nuestro Cristo amado considere a su tiempo y forma.


Hemos renunciado a muchas cosas del mundo y seguiremos haciéndolo porque nos hemos dado cuenta que lo eterno, lo espiritual es lo que vale. Lo terrenal es pasajero y distractor. Cristo, amados hermanos, paulatinamente es la razón de nuestra existencia. Y todo lo que nos brinde, espiritual o terrenal, es ganancia y bendición.


No perdamos nuestra mirada hacia las cosas de arriba. El Señor sabe de nuestras necesidades y las suplirá queridos hermanos. Los hermanos que formamos parte de esta congregación les profesamos amor y pesar de no tener mucha fuerza -como está escrito- les agregamos en nuestras oraciones por la iglesia en aquel país. El Señor habrá de actuar sustentándoles, guardándoles de todo mal y librándoles de toda tentación.


Finalmente, inestimables hermanos sepan esto: El cielo y la tierra pasarán, pero su palabra no pasará. El Señor Jesucristo es fiel, al igual que el Padre. Llegará el tiempo hermanos en la fe de su justicia, de su consuelo eterno, de su abrazo afable. Todo pesar, toda lágrima, todo afán, todo pecado, toda corrupción, toda muerte y toda condenación ya nos ha sido quitada. La aflicción es necesaria para mantenernos en ritmo y en ruta hacia el blanco que es Cristo.


Pasen y lean esta carta a todos los que puedan: Ciudad capital, urbes principales, pueblos, villas y caseríos. Comuniquen que la esperanza está viva, el amor entre los hermanos continúa fluyendo y la fe en Jesucristo sigue intacta y aun más, creciendo. Los de México, al noreste, les saludan.


La paz y gracia de nuestro Señor Jesucristo, sean completas en su alma, amén.


P.D. LA IGLESIA Y EL ESPÍRITU CLAMAN A VIVA VOZ: ¡VEN, SEÑOR JESÚS!

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