Editorial 235
- Cuerpo Editorial

- 7 oct 2018
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Amados hermanos en Jesucristo, paz sea dada a ustedes en abundancia, y que el amor sea multiplicado entre ustedes para el sumo gozo de nuestro Padre que mora en los cielos, amén.
Damos gracias a Dios Padre, por medio del Señor Jesucristo, nos haya concedido haber nacido en las diferentes naciones hispanohablantes, puesto que así le plació y así sucedió. Dios ha tenido cuidado de nosotros al regalarnos esta oportunidad de expresarnos en este lenguaje como lengua materna; no como si fuese la mejor, sino porque por medio de este idioma, esta variación, este dialecto o regionalismo usamos para glorificar el nombre de Jesucristo y además, a los conciudadanos que nos leen, oyen y conocen no pueden hacer oídos sordos en cuanto a no entenderlo.
Pues sí hermanos, este idioma castellano es muy útil -como cualquier otro idioma- para evangelizar, para testificar, enseñar, cantar, orar, rogar, pedir, etc., y que almas sean agregadas, enseñadas, amonestadas, corregidas y purificadas por la acción del mensaje eficaz del Espíritu.
Y así habremos de continuar.
Sin embargo, además, es necesario saber manejar esta herramienta con propiedad. El apóstol Pablo nos menciona que oremos con entendimiento, esto es, saber y tener conciencia de lo que pidamos. El Señor Jesús quiere que celebremos su cena con pleno entendimiento no hay disensión entre hermanos, por tanto, sepamos hablar para limar asperezas. Y también profetizar con sapiencia, para usar el lenguaje como modo de enseñanza y no vanidad.
Así, es, toca a nosotros, los que estamos debajo del sol, aprender apropiadamente el idioma para que, al leer, sepamos usar los signos ortográficos, la redacción, la sintaxis, los sintagmas, los sujetos y predicados, las figuras literales o simbólicas, y no por un error humano se pregone una falsa doctrina. O se crea un concepto. En caso de dudas, preguntar a los ancianos o a los maestros en las congregaciones y sobre todo, dejarse guiar por el Espíritu Santo.
De esta manera, amados hermanos, podremos cumplir en lo que a nosotros conviene, leer en orden el nuevo pacto: capítulo por capítulo, versículo por versículo. Y no en desorden, en afán o en religiosa costumbre. Debe ser de buen ánimo, con el corazón y mente dispuestos.
Nuestro amado Señor Jesús estará más que dispuesto de darnos de su sabiduría de revelación de quién es el Padre. Y el Padre se gozará que cada vez confiemos más en su Hijo, aparte de conocerle más a Él. Entendimiento y revelación les sean añadidas a sus bendiciones por parte del Padre, en el nombre del Señor Jesús, amén.




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