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Seguid el amor, y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis.

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 7 oct 2018
  • 6 Min. de lectura

El cuerpo editorial en conjunto, como uno solo, enviamos paz y gracia del Señor Jesucristo a todos los lectores y creyentes fieles en él, a los que aman juntamente su venida, saludos.


Ovejas del Señor: El apóstol Pablo, hace muchos años, dedicó parte de su tiempo en redactar el contenido del capítulo 14 de esta primera carta a los corintios, previa revelación y anuencia del Espíritu Santo. Al parecer tuvo mucha luz respecto a este asunto, pues debido a la extensión del mismo dedicaremos este número y el siguiente para compartir de gracia lo que el Espíritu también a nosotros nos ha dado de gracia.


Inicia pues Pablo con el título de este mensaje. El amor es lo mayor y mejor entre los tres que dan testimonio en la tierra, pero ahora resulta que solo es la base de lo que es ser un creyente en Jesucristo. Pablo luego refiere que practicando el amor ya, procuremos los dones y entre ellos el de profetizar.


Hacemos pausa, para acotar que, aunque no es de todos reciban un específico don del Espíritu, no está de más que lo procuremos; no sabemos, tal vez algún creyente con tal fe logre recibirlo. Pero hablamos de los creyentes que lo tienen o están en vías de obtenerlo pues fueron destinados por el mismo Espíritu para tal efecto.


Menciona y hace una partición entre hablar en lenguas y profetizar. El mismo Espíritu Santo declara que hablar en lenguas es hablar con Dios y expresar misterios que solo competen a quien los dice y a Dios, para lo cual, si no es capaz de también interpretarlos, en todo caso busque quién pueda hacerlo. No es que sea malo o no deba hacerse, pero al menos, en la congregación todo debe hacerse para edificación.


Refiere que es como hablar, digamos, en arameo. ¿Quién sabe arameo? ¿Cuál es el propósito de continuamente hablar en la congregación en este idioma? ¿No quedaría la congregación perpleja y sin saber lo que exclama? Pablo solicita a su poseedor de este espíritu ruegue por también tener el don de interpretación para que no solamente Dios oiga, sino también los que le rodean y el gozo sea completo.


El segundo, pero el mejor, es el de profetizar. La diferencia estriba es que quien profetiza no necesita intérprete, puesto que se habla en el mismo idioma que los oyentes. ¿De qué habla? Básicamente -y no como aquellos falsos, que como merolicos indecentes vociferan armando un espectáculo de escándalo, cosa que nunca jamás Dios o Jesucristo harán- de promesas basadas en el nuevo pacto, bendiciones, rogativas, exclamaciones de acción de gracias, revelaciones, loas al Padre o al Hijo, exhortaciones, amonestaciones o mensajes de consolación y amor a los que le oyen.

Jamás frases abominables del tipo de: “Yo les digo”, “Y dice Jehová…”, “Jehová me dijo…”, “Arrepiéntanse o serán lanzados al lago de fuego y azufre (¿a la congregación de Jesucristo dice eso el tal profeta?)”, y cualquier otro tipo condenatorio, humillante, despreciativo, soberbio, mensajes en primera persona que pululan muchos por ahí.


Oyendo con fe y entendimiento, sepan que tienen la autoridad de Jesucristo mismo de callar a esos mentirosos. Echarlos fuera si se atreven a asustar a los débiles, a los recién nacidos. A los que dudan, hay que protegerlos a toda costa de esos charlatanes que provocan muchos se desanimen, pero enseñándoles a esos que dudan que crean en verdad, si no quieren quedarse tendidos en el camino.


Por tanto, un profeta es mensajero del Espíritu Santo a la congregación, que informa lo que oye del Padre e Hijo y lo comunica a nosotros. No debemos ser ingenuos en estos aspectos. Debemos ser sobrios, responsables, formales. Si tal profeta o hablante en lenguas no pregonan al Padre, pero sobre todo a Jesucristo, los tales deben ser acallados y reconvenidos fuertemente. Lo de hoy, lo actual, lo que nos salva es JESUCRISTO. Solamente el Señor Jesús.


Y el hacerlo es siempre, para la edificación del cuerpo, no para vanagloria de alguien. Y así mismo, cuidadores celosos de tales dones. No hay propósito de echar las perlas a los perros y cerdos. Solo a los vivos, a los que aprecian estos tesoros espirituales. Y si hay inconversos, el apóstol recomienda que se tenga un orden para que no se lleven estos una mala impresión y blasfemen el Santo Nombre del Señor por causa de un error. Estas profecías son mensajes para nosotros y no el mundo. Las lenguas, señales para el mundo más que para nosotros.


De nuevo, este tópico es cuando la congregación se reúne en torno al Señor Jesús para recibir la edificación. Haciéndose correctamente, la escritura revela que indoctos que vean y oigan serán fuertemente redargüidos y creerán al poder de Dios.


Y este mensaje del Espíritu Santo continúa vigente:


Hermanos: nos seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar.


Amén. A continuación, los versículos del 1 al 25, para que sean complementados en el Señor de esta temática. Paz y amor del Señor Jesús, pero sobre todo valor y fortaleza les sean otorgados para vencer a esos mentirosos, amén.


1 Corintios 14 1-25:


Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis.

2 Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios.

3 Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.

4 El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia.

5 Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación.

6 Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina?

7 Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara?

8 Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?

9 Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire.

10 Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado.

11 Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mí.

12 Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia.

13 Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla.

14 Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.

15 ¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.

16 Porque si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho.

17 Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado.

18 Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros;

19 pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.

20 Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar.

21 En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor.

22 Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes.

23 Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?

24 Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado;

25 lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros.


P.D. ¡Ven Señor Jesús!

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