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Editorial 237

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 20 oct 2018
  • 2 Min. de lectura

Celebraciones diabólicas en las congregaciones

Octubre, mes en el cual el mundo festeja cuestiones necias y abominables a Dios. Por principio de cuentas, el vecino país del norte, EEUU, supuesto país cristiano, celebra el Halloween, una festividad que hace referencia a seres mitológicos, los muertos, la hipocresía de querer ser lo que no son con los disfraces.


Lo moralistas y los delicados dirán “Pero, ¿qué tiene de malo disfrazarse?” Eso mismo, disfrazarse, pretender ser lo que lo son, es decir que lo que hace el enemigo “presentarse como ángel de luz para engañar” está bien. Celebrar a los muertos como algo “vivo” es un sin sentido y adorar a seres mitológicos como estrellas es idolátrico.


Por donde quiera que lo queramos mirar, hermanos, lectores y creyentes, son acciones opuestas 180 grados a lo que Dios espera que hagamos. Y Jesucristo, LA ÚNICA cosa que pidió celebráramos con solemnidad, muchos -es decir, MUCHOS- NO CELEBRAN es la Cena donde conmemoramos su sacrificio en la cruz.


La hacen todo mal, sin seguir los lineamientos dejados por el Espíritu… Sin comentarios amados hermanos. Y como si nada les parece bien correr a esas festividades del mundo y sin cargo de conciencia participan de la mesa de los demonios. ¿Qué no se dan cuenta que cuando celebramos la Cena del Señor Jesús celebramos su muerte, que gracias a ella tenemos vida, y vida en abundancia?


Pero dejan que Laodicea fluya en ellos, haciendo las cosas que el mismo Señor Jesús les recrimina, que sus falsas morales le permite sacarlo a el de su propia congregación e infestarla de cultos extraños, doctrinas ajenas a su evangelio y ordenanzas que él no estableció.


Y por si fuera poco, en México se tiene al dos de noviembre. Los muertos que si por ellos fuera, quisieran regresar a reconocer (ahora sí) que Jesucristo es el Hijo de Dios y que Dios le levantó de los muertos. ¡Qué ironía! Los vivos celebrando a los muertos y los muertos añorando estar vivos. ¿Cómo puedo aseverar tal cosa? El mismo Señor Jesús sentenció eso cuando habló en el Espíritu acerca del rico que murió sin creer. Así como él muchos que dejaron escapar su oportunidad dorada (EN VIDA) de creer sinceramente en la dádiva de Dios.


Finalmente, podemos decir amados creyentes que alejarnos de esas corrientes diabólicas de celebrar cosas que nuestro Padre, ni nuestro Señor Jesús, ni el Espíritu Santo jamás ordenaron es lo más prudente que podemos hacer mientras estamos en vida. Hay que vivirla, renunciando a ella y vivificar el testimonio que el Señor Jesús vive y reina con poder en la diestra de Dios Padre, amén.

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