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Editorial 239

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 4 nov 2018
  • 2 Min. de lectura

A la iglesia del Señor, esparcida por todo el orbe, paz a todos en Cristo Jesús, amén.


Pues bien, siempre se ha manifestado una muy vigorosa discusión -cuando ya no debiera, pues fuimos liberados de todo yugo por Jesucristo, Señor nuestro- entre si la iglesia de Cristo debe o puede diezmar.


Amados, de acuerdo con el nuevo Pacto, NO es ni necesario ni obligatorio. El diezmo era una especie de impuesto, un tributo para la Manutención de la reciente fe judía después que salieron de Egipto. Y lo hizo Dios porque no quería que sus ministros en aquél entonces perdieran tiempo en las banalidades del mundo. Y era MANUTENCIÓN, no enriquecimiento mal habido mucho tiempo después.


Luego el Señor Jesús en su andar en la Tierra, dio cuenta de que era necesario reformar la manera en cómo hacer que sus enviados pudiesen obtener recursos, pero sin afanarse. La solución fue simple: fe y obediencia eran los ingredientes para que Dios proveyese lo que fuese necesario -poner especial atención-: alimentación, refugio, vestimenta, dinero para traslado, medios de propagación del evangelio, etc.


Para nada incluye lo siguiente: cuentas bancarias, fama, presencia mediática en las diferentes plataformas de comunicación, necesidad de ser notorios, etc. Los que tales cosas hacen son excelentes descendientes de los mismos fariseos a quienes el Señor Jesús juzgó de hipócritas, sepulcros blanqueados, generación de víboras, necios, etc.


Tenemos testimonio de Juan el Bautista, los doce apóstoles, Pablo, Bernabé, que anduvieron en humildad, pobreza, persecución, prueba, soledad, etc., y los bufones de ahora son la risa de hombres y el menosprecio de Dios. Porque su soberbia hiede como cadáver expuesto al sol de verano, pero ellos creen que sirven a Dios, al dios Mamón, su verdadero dios.


Amados, no lo olviden: Dios no nos ha llamado a conquistar al mundo financieramente, pero aun así Dios provee para sus servidores hombres ricos piadosos que son los que humildemente aportan a los que están en verdad en la obra. Los demás son plagiadores del ministerio y si no corrigen su accionar rendirán cuentas con el único Pastor: nuestro amado SEÑOR JESÚS.


Sean celosos de practicar la verdadera fe en Jesucristo: el Poderoso Hijo de Dios. Gracia y sapiencia del Señor Jesús sobreabunden en ustedes amén.

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