Pues no somos como muchos que medran falsificando la palabra de Dios
- Cuerpo Editorial

- 19 nov 2018
- 3 Min. de lectura

Amados Hermanos y colegas en La fe:
Paz y amor del Señor Jesús sean plenos en ustedes, amén.
El apóstol Pablo continúa en su discurso de amor, acerca de cómo debemos proceder en oírnos mutuamente cuando las pruebas parecieran consumirnos en tristeza y desaliento, pero los que estemos en fortaleza debemos rogar al Padre por palabras de consuelo y ánimo a quienes podamos estar en desfallecimiento. Esto es otro rasgo del amor entre los hermanos: consolarnos unos a otros en todo tiempo. Ver y rogar por fortaleza (porque hermanos, los que anden en la carne dirán: “si le va mal es porque está en pecado”; “si sufre es porque así quiere Dios que esté”; “qué debió hacer para que le vaya así”; “así es la vida” o “unos suben y otros bajan”, etc.) sin juzgar o prejuzgar. Practicar el amor aun en la rogativa. Porque, así como alguien hermosamente rogó por nosotros para que fuésemos salvos, así habremos de rogar por todos.
Incluiremos a los que, consciente o inconscientemente nos causan algún pesar, afán, tristeza, molestia, enojo, frustración dado que -independientemente de las razones por las que lo hagan o digan tengan ese efecto en nosotros- tenemos que tener el dominio propio, la fe, el amor, la fortaleza para resistir ese elemento o hecho adverso. Ya el Señor procurará el castigo a la conciencia de quien nos cause ese pesar sin causa alguna. Nosotros de ninguna manera actuaremos en nuestro nombre, sino soportar amorosamente perdonando tal situación o dicho y evitar el diablo tome ventaja tanto en nosotros como en el prójimo que hace eso.
Debemos recordar hermanos que en el Señor tenemos libertad de decisión en cualquier aspecto, incluyendo en el ministerio y mientras esté encomendado todo en su nombre y no se oponga a lo que está escrito podremos hacer o decir, según convenga, de la misma manera que Pablo decidió dejar Troas para buscar a Tito.
Precisamente esta libertad en Jesucristo nos hace victoriosos, ya que no somos como el mundo, sujetos a estupideces tales como: pronósticos, adivinaciones, horóscopos, rezos interminables, probabilidades, inseguridades, temores del futuro, cábalas, religiosidades, karmas, consejerías a chamanes o brujos, lectura de cartas, consulta a muertos, etc., que denotan muerte espiritual al no tener fe en el Creador como Padre y sí tontamente tener fe en cosas perecederas como las descritas.
Tan es así que el mismo DIOS hace esta comparación:
Los que se salvan: vivos, victoriosos, de grato olor
Los que se pierden: muertos, en derrota, olor de muerte.
El apóstol concluye con lo siguiente: Lo que él y sus colaboradores hacían era por y para Cristo. En parte por obediencia y en parte por encomienda. Y nunca por amor al dinero o la riqueza. El versículo que es la clave del tema de hoy se establece así porque las premisas sobre las cuales el evangelio debe descansar es la propagación del mensaje de vida eterna tal y como Dios lo expuso y tal y como Jesucristo, nuestro Señor lo predicó: Fe, esperanza. y amor.
Pero otros contumaces tergiversaron el sentido de mucha palabra acomodándolo a términos económicos y financieros. Todas las religiones basan su poder en el dios mamón. La verdadera iglesia de Jesucristo pone su mira y corazón en la palabra de vida, en la vida en el amor, en el amor con fe en su venida, y en su fe cimentada en la esperanza de gloria venidera.
Y así como Pablo se desmarcó, aprovechamos para enérgicamente establecer: en el Nombre del Señor Jesucristo -que es sobre todo nombre- que nos libre el Altísimo Dios y Padre a Quien amamos porque Él nos amó primero, de toda falacia, todo intento de mercadear con su evangelio, sobornar o ser sobornados. Siempre nos mantenga sujetos a la ROCA. DE. SALVACIÓN, JESUCRISTO, y no a dogmas o torpezas necias de cobrar o ser pagados para hablar de un evangelio que no sea de Jesucristo. ¡Jamás Padre! Porque tanta es nuestra fe que nunca hemos necesitado del mundo alguna cosa siendo que Tú nos provees de todo y el Señor Jesús. por medio del Espíritu Santo nos provee lo que habremos de decir.
Somos colaboradores tuyos ¡Oh amado Señor Jesús! y líbranos de ser Suplantadores! Hoy y todos los días de nuestra vida, y lo que nos concedas tener y mantener esta operación tuya.
Bendito por siempre sea el nombre del Señor. Padre, gracias te damos porque nos guardarás de toda leuda y sabemos que concederás esta petición. Amén
La paz y gracia de nuestro Señor Jesús sean plenos en ustedes, amados hermanos, amén.

Comentarios