Editorial 243
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- 2 dic 2018
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Hermanos en Jesucristo, paz y gracia les sea otorgada por nuestro Señor y Salvador: el poderoso Hijo de Dios de modo abundante, amén.
En México el primer día del último mes de 2018, por ley se ha transferido poder Presidencial de una persona a otra. Todo en un marco de tranquilidad, tras lo cual glorificamos Su Santo nombre puesto que rogamos por este evento encarecidamente como testimonio de cobertura hacia ellos. El Padre como Dios tiene la potestad de quitar y poner reyes, jerarcas y gobernantes. Mas nuestra función es asegurarnos ver por su seguridad espiritual (no po
rque Dios “olvide”, sino porque todo hombre es mentiroso y por lo tanto no debemos confiar en hombre alguno) y Dios nos proveerá protección ante cualquiera y además someterá a toda autoridad ante el reino de Jesucristo, del cual somos embajadores.
El antiguo presidente deja de ser autoridad y ahora es un ciudadano más. El recién investido es ahora por quien debemos rogar como iglesia, sea sometido a Dios, esté en paz con nuestro Señor Jesucristo y deje a la iglesia realizar su testimonio. Gobierne para premiar el bien y castigar el mal. Observe las leyes y en general lleve a la nación por donde Dios ya dispuso con antelación sea su destino por ese periodo pactado.
Recordemos amados que tenemos prohibido realizar como iglesia o individuos, actos políticos adversos al orden Impuesto. Podemos atar y desatar en la congregación sea Dios quien opere (sanidad, restauración, equilibrio, paz, orden, seguridad, alimentación, bendición espiritual, nuevos creyentes, etcétera) y no nosotros a título personal. Nuestro trabajo es rogar por la nación en la que nos toca vivir, esté en paz con sus vecinas y nos siga concediendo total libertad de evangelización. Pero debemos mantenernos al margen en la política putrefacta del hombre para estar en el poder y vida espiritual de Jesucristo por medio del Espíritu Santo.
Podemos opinar, pensar, estar en acuerdo o desacuerdo, pero jamás gestionar rebeldía, instigar a cometer el mal, estorbar al gobierno resistiéndole, etc. No tenemos esa potestad. Obviamente en las cuestiones seculares, cumplir cabalmente. E incluso, en caso de injusticias flagrantes, solo Dios, como Padre, hará su acto de poder. Pero debemos obedecer en todo al Señor, puesto que nada es por mal para quienes profesamos y amamos su nombre. Paciencia, fe, ruego, súplica y dominio propio es el arsenal espiritual provisto para nuestra defensa y apoyo.
Así que siempre debemos ser los aliados de los gobernantes orando y rogando por ellos ante Nuestro Padre. Aplica en todo rango, nivel, tipo y posición. Y estar en paz con los que dejan el poder, porque nuestro Padre como Juez justo, hará con ellos lo que sea necesario, acorde a sus obras.
La paz y buena conciencia en el Señor Jesús esté con ustedes, para que se mantengan irreprochables hasta su venida o bien la partida a la eternidad, amén.




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