Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como señor, y a nosotros como vuestros
- Cuerpo Editorial

- 2 dic 2018
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En el capítulo cuatro de la segunda epístola los corintios, el apóstol Pablo sigue definiendo por el Espíritu cuáles son las obras y frutos de los verdaderos apóstoles de Jesucristo y no oportunistas embabucadores, apóstatas, débiles o seres no calificados por el Señor para su obra.
El ministerio de apostolado -nada más para comenzar a derribar muros de ignorancia- es un acto de misericordia y fortaleza continua, jamás de soberbia, arrogancia, méritos, herencia, compra-venta, etcétera.
SEÑAL 1: Si alguien dice: “Yo soy Fulano de Tal, el apóstol”, “yo soy el apóstol Fulano” con aires de grandeza, en espera de reverencias, alabanzas o loas de multitudes, el tal está incumpliendo este sencillo requerimiento. El Espíritu nos muestra el testimonio de Juan el Bautista y del mismísimo Cristo, confirmándolo en el proceder de Pablo.
SEÑAL 2: Si alguien pregona: “Traigo el mensaje de los últimos tiempos”, “Yo sé las señales del fin”, etcétera, el tal quizá no esté informado de cómo el Espíritu Santo procede y por eso mienta. CRISTO es luz y por lo mismo declara la verdad. Tal cual es y no necesita propagandas apocalípticas para hacerse notar sino el poder de Espíritu. Además, las señales del fin están reservadas solo para quienes dentro de la iglesia tienen esa prerrogativa dada por Cristo, NUNCA para el mundo.
SEÑAL. 3: Si el tal busca recomendarse sí mismo, el tal no es genuino. El versículo 2 es muy claro que quien ostente el apostolado es recomendado por Dios, sin adulterar el evangelio de Cristo. Solamente el Padre consuela a sus hijos mediante el reconocimiento que están haciendo buen trabajo, pero es obligación de todo colaborador de Jesucristo tener prudencia y. reconocer humildemente toda la obra es de Él y nosotros sus vasos de gloria.
SEÑAL 4: Si alguno cree que con presentarte ya deberían tener salvos en “su haber”, están equivocados. Muchos que se dicen ser apóstoles, evangelistas o enviados confían en su equipo de trabajo, retórica, propaganda con las famosas “campañas de salvación” para atraer salvos, pero los versículos 3 y 4 señalan que no es de todos la fe debido a la obra malévola del diablo que ciega su entendimiento y por lo mismo debemos ser prudentes de saber esperar el tiempo genuino de Dios y no un calendario humano.
SEÑAL 5: Justo como el título menciona, el predicado siempre debe ser JESUCRISTO, como Señor nuestro. Esos que le mencionan como “Jesús, Yisus, Yishua, etc.” minimizan su Señorío (ganado con su muerte en la cruz) con temeridad, osadía e irreverencia que tolera por amor a su iglesia. Y aquí define por qué somos luz del mundo: porque a causa de que Jesucristo está en nosotros, Dios concede que resplandezcamos a luz. En términos reales, somos las bombillas, pero la electricidad es Jesucristo y quien nos conecta a la misma es el Padre Celestial.
Ahora bien, el apóstol Pablo ya nos recuerda que somos instrumentos para la honra y gloria de Dios, describiéndonos como vasos de barro. Lo que toca a los vasos es soportar, ser templados y por tanto perfeccionados. Menciona las siguientes características: atribulados, en apuros, perseguidos, derribados. Por supuesto, promesas hay: sin angustias; no desesperados, no desamparados ni destruidos que complementan los escenarios cotidianos de los verdaderos siervos.
Ahora bien, menciona Pablo que llevaba la muerte de Jesús y además entregados a la muerte, pero son los riesgos de todo oficio, así como soldados, policías, albañiles, constructores, etc., donde además mediante esto la vida del mismo Cristo.
Una obviedad, que no siempre es tan obvia, es que quien predica a Cristo debe creer en él. Porque siendo así sabremos que su fe es genuina y por tanto su palabra es fidedigna. Una prueba sencilla pero práctica que el Espíritu nos da para distinguir a los siervos de los mentirosos.
La esperanza de todo apóstol o evangelista es simplemente entender, esperar y gozarse que el Padre les resucitará para vida en el día postrero. Por ende, en total amor y sacrificio se soportan estos padecimientos para que la gracia sobreabunde sobre los que son edificados con estos testimonios.
El versículo 16 comprueba objetivo de la renunciación: la preeminencia del ser interior, el ser espiritual gane la batalla final contra el hombre natural, carnal y mortal. Y esto también recalca la razón por la que el apóstol soportaba las pruebas: ver por las cosas eternas, las que no se ven sino por la fe.
Dirán pues algunos: ¿Pues si no es lícito hablar en primera persona, por qué Pablo lo hace así aquí? Porque hay que sentar un precedente. Juan el Bautista, a la verdad es el primer testimonio de esto, pero era su función allanar el camino del Señor. Luego, el Señor Jesús, quien sentó las bases de su evangelio, mas era necesario afirmar el precedente y el vaso elegido fue Saulo de Tarso, transformado en Pablo por el mismo Señor Jesús. Por esta causa el Espíritu concede que él experimente y lo describa como un manual de referencia.
Ponemos el capítulo 4 a su disposición amados lectores, no sin antes recordar que no todos los que dicen predicar lo hacen genuinamente, de modo que hay que analizar cada mensaje, sobre todo de los “famosos” y los “misteriosos”.
2 Corintios 4
Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos.
2 Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios.
3 Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto;
4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.
5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús.
6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.
7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,
8 que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados;
9 perseguidos, más no desamparados; derribados, pero no destruidos;
10 llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.
11 Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.
12 De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida.
13 Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos,
14 sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros.
15 Porque todas estas cosas padecemos por amor a vosotros, para que abundando la gracia por medio de muchos, la acción de gracias sobreabunde para gloria de Dios.
16 Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.
17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;
18 no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.
La paz y sabiduría del Señor Jesús sean plenas en ustedes amados hermanos. Amén.

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