Editorial 244
- Cuerpo Editorial

- 15 dic 2018
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Una religión sin adeptos ¿para qué sirve?
Amados de Dios y de Cristo, paz en el Señor les sea multiplicada a enormidades. El Señor Jesús es el Salvador que vino a hablar el nuevo mensaje de reconciliación absoluto de parte del Creador, cuyo deseo es ser no solo Dios, sino además un Padre Amoroso.
Ésta es la tesis principal del evangelio de salvación y vida eterna. El mismo Jesús de Nazaret sentó las bases de lo que él llamó iglesia, su novia. A sus seguidores y creyentes les ha denominado de diferentes maneras para mostrar a diferentes criterios cuán grande amor ha dispuesto la Deidad hacia nosotros, a modo de inversión segura y no de riesgo.
Incluso, el mismo Cristo solicitó al Padre no perder a ninguno que le fuese enviado, con el propósito que los que cayéramos en semejante gracia y dicha no tengamos nada qué temer en cuanto al pasado, presente y futuro se refiere: el pasado perdonado en lo absoluto; un presente en cambio progresivo hacia una perfección palpable y medible; un futuro esperanzador de vida, gozo, paz plenos en la presencia de ellos: el Padre y el Hijo.
Premisas hay varias: Creer en él. Confesarle. Obedecerle. Renunciar a lo antiguo. Practicar sus mandamientos. Ser santos. Y poseer amor, fe y esperanza incorruptibles.
PERO (ah infeliz “pero”) hay circunstancias malévolas, demoníacas, perversas del hombre natural rebelde y el enemigo que tergiversan tanto la tesis como las premisas con el fin de hacerse de crédulos que mantengan sus bajas pasiones de pretender ser Dios o Cristo, del mismo modo que satán quiso hacer tiempo atrás.
Caminos tenebrosos contaminados de economía (amor al dinero y prosperidad); dictaduras y tiranías (poder y dominio absoluto sobre multitudes); poder mental y almático grotescos (doctrinas condenatorias, castradoras de raciocinio); ambición desmedida (expropiaciones, exigencias, “aportaciones voluntarias”, regalos, cuotas, diezmos, cobros, indulgencias, etc.); implementación sistemática del odio y la intolerancia extrema (“guerras santas” atentados, cruzadas, genocidios, discriminaciones, señalamientos, hostigamientos, etc.) y fantasías absurdas respecto a la eternidad (cielo, lugares de convivencias con animales, emulación de seres celestiales, roles iguales que en la tierra, etc.), tan solo por enumerar algunas “virtudes”. Incluso el susodicho ateísmo, como los que persiguen lo oscuro, son corrientes de pensamiento incorrectas.
Analizando estas corrientes religiosas, solo buscan su propio bienestar, influencia, fama, presencia y prestigio en la opinión de la sociedad en detrimento de las rivales. Incluso algunas “cristianas” caen en estas categorías funestas. No pregonan al amor ni la misericordia. No practican la fe ni la esperanza. No dan cabida al Espíritu Santo ni a Dios. Condenan y juzgan como implacables “justicieros” lo que se opone a sus principios. Sus enemigos son desaparecidos de la faz de la tierra.
Estas premisas y muchas más son la prueba irrefutable que, aunque llegasen a hablar de Dios (con otros nombres), el Hijo (como Jesús principalmente, no reconociendo su señorío sobre toda la creación), el Espíritu Santo (como si fuese persona o un ave) solo demuestran ignorancia, un osado cinismo el querer inmiscuirlos como vil pretexto de adoctrinar prosélitos para sus causas injustas y desleales. Utilizan sus nombres en vano para acarrear a los indoctos y débiles creando escenas fantasiosas, cuentos inverosímiles, historias falsas alrededor de ellos para tener un teatro de guiñol, donde los guiñoles son los oyentes crédulos, despojados ya de toda conciencia analítica y sus titiriteros los líderes a quienes siguen y los manipulan a su total gusto.
Esperamos en Cristo su corazón, mente y alma estén guardados de cualquier corriente religiosa hermanos. En el próximo número veremos algo más específico este tema de religión. Por lo pronto, la paz de nuestro Señor Jesús esté en todos ustedes, amén.

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