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Editorial 246

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 23 dic 2018
  • 2 Min. de lectura

La antítesis de la religión: la reconciliación con Dios.


¡Cristo viene por su iglesia! No lo olvidemos, hermanos en Cristo, que la paz y la misericordia sean multiplicados, amén.


En los números anteriores vimos cuál es la tesis de Dios. Y luego su antítesis, la religión. Y la primicia de la premisa de DIOS es la misericordia que deriva en un gran misterio que es la reconciliación para con el hombre.


Las religiones no quieren nada con Dios ni con Cristo y por eso tuercen el evangelio. Quieren todo lo que Dios no pide ni quiere y refutan lo que realmente Dios quiere. Dios quiere verdaderos adoradores que le adoren en espíritu. Quiere hijos. Pero para esto debía pagar a precio de sangre para obtenerlo.


Para esto envió al Señor Jesús: para que fuese él ese Cordero que expiaba y pagaba ese precio conforme a Su ordenanza. Quiere que el amor y vida vuelvan a fluir en el hombre. Desea el Padre que el hombre regenere hasta llegar a su antiguo estado antes de caer en la tentación: un ser digno de estar en comunión constante con su Dios y Creador.


Mediante Cristo, nos ofrece el que podamos ver nuestra realidad vana, dura, penosa y mortal y aspiremos a cambiarla creyendo en su nombre y logremos lo que ni el diablo ni el pecado quieren: la reconciliación.


Si tenemos un pleito con un ser querido, es forzoso que debemos estar alejados el uno del otro por un tiempo para evitar un daño mutuo mayor. Quedamos en un corto periodo de soledad y vacío. Luego uno de los dos toma la iniciativa y se comienzan a aclarar las diferencias, ofrecer mutuas disculpas y reiniciar la comunicación y comunión.


Del mismo modo Dios extiende su deseo de el hombre alcance esa reconciliación con Él, porque sabe que la eternidad está en juego y Él no quiere que nadie se pierda, sino que todos accedan al arrepentimiento. Dios es verdadero y único destino de lo bueno, es la vida, es el perdón, misericordia y salvación de un lado y Cristo el camino y distancia a recorrer hasta ese destino. Nosotros ya vamos en camino hacia allá. Esperamos y anhelamos que todos puedan hacer lo mismo que nosotros.


Que la misericordia y el perdón de Dios sean inagotables en nosotros, en todos los que creamos en que Jesucristo es el Hijo de Dios y que Dios le levantó de los muertos, amén.





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