Reconciliaos con Dios
- Cuerpo Editorial

- 23 dic 2018
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Bendito nuestro Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ofrece una vida eterna, un perdón y una esperanza de gloria verdadera mediante la fe en Jesucristo, paz y fe a ustedes, amén.
Lo bueno de este proceso de arrepentimiento y salvación es la renovación de un cuerpo mortal y una esencia pecaminosa a un cuerpo espiritual eterno y una esencia de vida y santidad perfecta. Las cosas viejas ahora por medio de la fe de Jesucristo son hechas nuevas. ¡Amén!
Menciona el apóstol a los corintios y a nosotros, además, que Dios utilizó el envío de su Hijo, el Cordero Redentor, para que mediante su mensaje esperanzador nos revelase el misterio de la reconciliación. ¿Por qué es un misterio? Porque no a todos les es revelado: no todos comprenden, entienden, saben o disciernen de qué manera, cómo, por qué y para qué Dios determinó esto. Es como si leyeran un escrito en un lenguaje del cual no se tiene traducción disponible. La biblia, de hecho, tal cual es, es incomprensible para muchos porque contiene los tesoros de sabiduría de Dios que solo los da a quien de corazón y en humildad le busca.
Todos los que de alguna manera apoyamos este sentir de propagar este misterio, explicarlo por medio del Espíritu a quienes buscan a Cristo para que con entendimiento y fe pasen de muerte a vida, reconciliándose con su Creador y sea ahora un Padre en su búsqueda.
Jesucristo es el medio para tal efecto. Dios llama a sus hijos regresen a su seno, a su entorno, a su familia. Parafraseamos al apóstol Pablo: “Reconciliaos con Dios”. Reconciliaos con Dios.
El Cordero de Dios, para salvarnos se hizo pecado, lo conoció y lo sufrió hasta la muerte donde lo derrotó al no caer, sino perfeccionarse en el Espíritu. Y con este sacrificio de amor, abrió las puertas del perdón, de la justicia y de la reconciliación.
Y así amados hermanos, terminamos este bello capítulo, agradeciendo al Único y Sabio Dios, que por medio de nuestro Señor Jesús accedemos a este maravilloso escenario, donde somos hechos hijos herederos con promesa debido a su gracia. Añadimos el fundamento del capítulo 5 de la segunda carta a los corintios para que cotejen, amados.
Que la paz y gracia de nuestro Señor Jesucristo, nuestro Salvador y Maestro, les otorgue en demasía su amor y su conocimiento del Padre, amén.
11 Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también lo sea a vuestras conciencias.
12 No nos recomendamos, pues, otra vez a vosotros, sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis con qué responder a los que se glorían en las apariencias y no en el corazón.
13 Porque si estamos locos, es para Dios; y si somos cuerdos, es para vosotros.
14 Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron;
15 y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
16 De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así.
17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;
19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.
20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.




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