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“Os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios”

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 31 dic 2018
  • 3 Min. de lectura

“Os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios”


Paz y gracia del Señor Jesús esté en todos ustedes amables lectores. El capítulo 6 de la segunda carta a los Corintios contiene un tema muy particular e importante para todos los creyentes del Señor Jesús. Ya el apóstol Pablo ha tenido tiempo en los anteriores capítulos de describir qué es el apostolado y el propósito del mismo, además de un perfil muy específico de cómo son los colaboradores de Dios.


Lo anterior para que los oyentes crean y se fortalezcan en la fe, mediante la observación puntual de lo que es necesario deben padecer tales colaboradores por amor a Jesucristo, Señor nuestro. El Señor Jesús vino a padecer para que pudiésemos tener acceso a la gracia concedida solo a aquellos que tienen el corazón dispuesto a creer su evangelio de parte de Dios, el Creador.


Describe el apóstol cuán grande es el amor del Padre que ha dispuesto un tiempo, que califica el Espíritu aceptable, designando un día para salvarnos. Se descalifica el apóstol de nueva cuenta para dar gloria a Dios y que sea el testimonio hable para que los que se oigan se convenzan. Oyendo y viendo podremos saber respecto a lo que tal anunciante promulga (el evangelio de Cristo o bien palabrería humana).


Sin embargo, a cambio el apóstol habla a los que oyen y creen a que no lo hagan a la ligera, sino que se fortalezcan y se purifiquen en el camino del Señor. ¿Por qué? Porque no es un juego. Creer es dar la confianza total en lo que oye, credibilidad a lo que se ve y respaldo a lo que uno se convence. Fuera de esto se traduce como: falta de fe, doble ánimo, hipocresía, etcétera.


Por eso amados hermanos y lectores no podemos tener una fe fingida, ya que Dios no se sirve de eso, sino de corazones rectos, limpios y purificados por la sangre derramada en el calvario. Por eso los oídos siempre deben estar por delante de los ojos para poner la mente de Cristo antes que el corazón de la humanidad nuestra.


No debe tomarse en vano la fe porque es gracia, un regalo, un premio, una misericordia, una selección y elección premeditada por Dios, pues ya sabía que nosotros tendríamos oído dócil a la predicación de nuestro Señor Jesús, puesto que Él al conformarnos dispuso en nosotros la materia dispuesta para tal efecto.


Así que hermanos, ya teniendo y viviendo esta gracia, debemos someternos a los mandamientos del Señor Jesús, ver con los ojos espirituales y despojarnos de toda basura mundana en cuanto a doctrina y pensamiento fuera de Cristo se refiere. Así el testimonio de los colaboradores de Dios no será juez que juzgue en el día postrero diciendo: “fueron enviados y no oyeron”. Bendecimos al Poderoso Padre Celestial, porque incluso sus consejos y exhortaciones son vida para nosotros, en Cristo Jesús, amén. La paz y gracia del Señor Jesús sea plena en ustedes amados hermanos, amén. Ponemos los versículos del 1 al 13 de dicho capítulo como fundamento.


2 Corintios 6:1-13

Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios. 2 Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, Y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación. 3 No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado; 4 antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; 5 en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; 6 en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, 7 en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra; 8 por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama; como engañadores, pero veraces; 9 como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, más he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; 10 como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, más enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, más poseyéndolo todo. 11 Nuestra boca se ha abierto a vosotros, oh corintios; nuestro corazón se ha ensanchado. 12 No estáis estrechos en nosotros, pero sí sois estrechos en vuestro propio corazón. 13 Pues, para corresponder del mismo modo (como a hijos hablo), ensanchaos también vosotros.


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