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Editorial 248

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 6 ene 2019
  • 2 Min. de lectura

Paz y gracia de Cristo sea en ustedes amables lectores, amén. Bendecimos a Dios Padre por medio de Jesucristo por su inmensa misericordia, al otorgar vida y salud a este cuerpo editorial para llevar el mensaje de la sana doctrina de nuestro Señor Jesucristo mediante el uso de estas tecnologías de nuestros tiempos.


Dios es Sabio, es Perfecto y a cada hijo e hija suyo los acomoda en las diferentes épocas para dar testimonio de que Él es el Verdadero y Jesucristo es la Verdad ante los hombres y en general toda creación. Uno de los muchos tipos de testimonio es difundir el amor ante los de la iglesia y ante los incrédulos, puesto que así mismo lo ha hecho Él, desde el principio de los tiempos al no exterminar a los antiguos, comenzando desde Adán y Eva.


Pero la muestra más enorme de amor, no fue tanto para con Abraham, Moisés o los judíos, sino para con nosotros los gentiles, al darnos la entrada a Sus promesas mediante Jesucristo, su revelación hecha carne, para dar salida y no llegar a una muerte espiritual en virtud de la naturaleza caída y corrompida nuestra.


La vida es muy dura, hermanos. Así quedó establecido desde un principio por la rebeldía y desobediencia, después por la codicia y envidia; luego por los afanes y la soberbia y al final, por la vanidad y la egolatría de todo el género humano. El ser humano, sin Dios y sin Cristo, tiende a endurecer su cuerpo, mente, alma y corazón para no sufrir este justo juicio. Mas Dios, a través de los años, ha dispuesto diferentes maneras de reconciliación para con su mayor tesoro, el género humano, siendo a través de Jesucristo solamente la única y actual manera de reconciliación.


Y si Cristo dijo: “Venid a mi todos los que estéis cargados y trabajados, que yo os haré descansar”, es porque cuando él anduvo en la carne, sintió el peso de este juicio al estar temporalmente circunscrito en un cuerpo mortal para testimonio de amor y piedad y por eso mismo lo mencionó, porque todas las cargas antes mencionadas las elimina para liberación del alma, mente, espíritu, corazón y cuerpo. Con su amor divino enternece las entrañas, transformándonos paulatinamente a seres de amor espiritual y poco a poco rompemos las cadenas que nos atan a este mundo cruel de afanes y desdichas, enfocándonos en su lugar más a los asuntos espirituales de Cristo.


Pero mientras el hombre natural continúe insistiendo en andar a su manera en rebeldía, desobediencia, soberbia e inmundicia, el justo juicio seguirá sobre él hasta que por fin sepa que solo volviendo a los brazos de Dios está la salvación; cual niño malcriado, enojado por sus padres porque le disciplinan y se le hace “injusto”, tarde o temprano tendrá que olvidar su enojo y berrinche y pedir perdón por su mala actitud. Así fue, es y será con el hombre, mas hay dos maneras: en vida, creyendo a Jesucristo; o en muerte, cuando ya siendo demasiado tarde, verán con terror desperdiciaron tiempo en tonterías deseando algunos advertir a sus seres queridos.


Bendiciones espirituales en Jesucristo sean otorgadas a ustedes amados lectores, amén.

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