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Procurando hacer las cosas honradamente, no solo delante del Señor, sino también delante de los homb

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 20 ene 2019
  • 6 Min. de lectura

Amados hermanos en Jesucristo: a ustedes benditos hijos y creyentes les sean dadas en múltiplos grandes toda paz, fe y obediencia a manera de ofrenda de amor por parte nuestra provista por el Señor Jesucristo, el Gestor y dador de vida espiritual, amén.


En el capítulo ocho de la segunda carta enviada por Pablo a los corintios muestra cómo funciona el uso de todo recurso material para ser gestionado al interior de las congregaciones. Siendo parte de una situación natural (el trabajar para agenciarse el pan de cada día) y una ley de Dios desde el principio de la humanidad, la iglesia cumple cabalmente con esta ordenanza.


El Padre, en congruencia consigo mismo y por amor a Jesucristo, le ha concedido determinar cómo fluya el ingreso de todo bien material (dinero o casas) o servicio humano (oficios y habilidades) al interior de su iglesia, obedeciendo fielmente la palabra de su Padre Celestial.


Pues bien, Pablo por medio de la carta y con Tito como mensajero fiel, solicita el envío de recursos materiales a los santos en Corinto, puesto que debido a las pruebas y asechanzas del diablo y los judíos respectivamente, no tenían forma para subsistir por medios propios.


Sabemos que el apóstol Pablo (como todo apóstol que se dice es de Jesucristo) no grava a la iglesia con exigencias estratosféricas de dinero o propiedades, sino el dinero suficiente para la compra de vestido, alimentación, techo; o bien ropa, algún medicamento o remedio, utensilios básicos, pasajes, etcétera.


El apóstol menciona en el versículo ocho que lo hace (pedir recursos mediante ofrenda y donativo) para probar la veracidad del amor expresado antes -de otorgar recursos para el ministerio de Pablo- en algún momento entre la primera y la segunda carta. Envía a Tito porque era símbolo de honradez, honestidad y diligencia entre ellos, la congregación y Pablo, el solicitante, distinciones dadas por el Espíritu Santo a Tito.


Pablo nos recomienda a que, si deseamos ayudar a los pobres en la iglesia o enviados de Jesucristo, lo hagamos y no nos detengamos, porque somos materia dispuesta. Y acota: “porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta lo que uno tiene, no según lo que no tiene”. Esto echa fuera la tradición malévola del diezmo en la religión judaica injertada como hongo pestilente en las deliciosas viandas de Cristo por hombres avaros adoradores de mamón.


Y se reafirma el amor y la equidad entre los hermanos: “Porque no digo esto para que haya holgura, y para vosotros estrechez, sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la necesidad de ellos, para que la abundancia de ellos supla necesidad vuestra, para que haya igualdad, como está escrito: -el que recogió mucho no tuvo más y el que recogió poco, no tuvo menos-“.


Así que, imposible es en la iglesia TODOS cooperen al mismo tiempo enormes cantidades de dinero o bienes porque el Señor, si algo es, es ADMINISTRADOR de las riquezas de Dios. No da a todos los mismos ministerios. Por tanto, solo demanda lo que se puede dar, según lo que se tenga. Y Pablo por el Espíritu somete al criterio de cada quien examinar sus posibilidades como una prueba de honestidad, amor y fe.


De honestidad: por cuanto sabes lo que tienes y sabes hasta cuánto y cómo puedes ofrendar (prueba a tu corazón el desapego al dinero, el no codiciar algo que sabes es para la obra de Jesucristo, la dedicación en tiempo a algo en beneficio de sus colaboradores espirituales de Cristo).


De amor: por cuanto sabes que el amor da antes de recibir, el amor no busca su propio bien y porque es solícito para de hecho, dar ayuda y no solo prometerla con palabras huecas como muchos tienen por costumbre. Es un hábito continuo de acción sincera, generalmente anónima y no una demostración falsa de piedad a la vista de todos.


De fe: porque dando, se recibe el beneplácito de la Deidad en quienes diligentes obedecen a esta palabra y se gozan. Dios, como Padre Misericordioso, tiene en alta gracia y estima a los dadores alegres, quienes -a veces sin saberlo- suman grandes cantidades de riqueza espiritual a sus arcas. Invierten a futuro y según el principio de la Equidad Financiera inventada por Dios y descubierta por el hombre mucho después, mediante el pago de un interés se iguala el valor del dinero de ayer al del futuro.


La fe es el capital que se da como inversión inicial, Dios paga el interés a cierto tiempo y al término de la misma se devuelve el monto merecido. Misericordia, Amor y Justicia en una sola operación. ¡Aleluya! ¿Cuántas veces podemos invertir espiritualmente? Las que se nos pongan enfrente. No desaprovechemos pues, esta oportunidad de negocio fácil y sencillo en Cristo, nuestro asesor financiero estrella, recomendado por Dios el gerente del banco “Vida Eterna”.


Pero, si alguien no sabe desprenderse de un centavo perecedero, se encierra en la mentira, avaricia o indolencia o cree que lo que da es perder para siempre entonces ¿cómo invertir un dinero que no se tiene y se quiera luego exigir un monto?


La paz y gracia, pero sobre todo el amor para poder ofrendar con alegría cuando se nos solicite sea pleno cada día más en ustedes amados hermanos, de Jesucristo, Señor nuestro, amén. Agregamos el capítulo en cuestión como referencia.


2 Corintios 8


1 Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia;

2 que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad.

3 Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas,

4 pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos.

5 Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios;

6 de manera que exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia.

7 Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia.

8 No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro.

9 Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.

10 Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene a vosotros, que comenzasteis antes, no sólo a hacerlo, sino también a quererlo, desde el año pasado.

11 Ahora, pues, llevad también a cabo el hacerlo, para que como estuvisteis prontos a querer, así también lo estéis en cumplir conforme a lo que tengáis.

12 Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene.

13 Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez,

14 sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad,

15 como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos.

16 Pero gracias a Dios que puso en el corazón de Tito la misma solicitud por vosotros.

17 Pues a la verdad recibió la exhortación; pero estando también muy solícito, por su propia voluntad partió para ir a vosotros.

18 Y enviamos juntamente con él al hermano cuya alabanza en el evangelio se oye por todas las iglesias;

19 y no sólo esto, sino que también fue designado por las iglesias como compañero de nuestra peregrinación para llevar este donativo, que es administrado por nosotros para gloria del Señor mismo, y para demostrar vuestra buena voluntad;

20 evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos,

21 procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres.

22 Enviamos también con ellos a nuestro hermano, cuya diligencia hemos comprobado repetidas veces en muchas cosas, y ahora mucho más diligente por la mucha confianza que tiene en vosotros.

23 En cuanto a Tito, es mi compañero y colaborador para con vosotros; y en cuanto a nuestros hermanos, son mensajeros de las iglesias, y gloria de Cristo.

24 Mostrad, pues, para con ellos ante las iglesias la prueba de vuestro amor, y de nuestro gloriarnos respecto de vosotros.

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