top of page

Editorial 253

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 10 feb 2019
  • 1 Min. de lectura

Existió un hombre llamado Abram de la tierra de Ur de los caldeos, a quien Dios distinguió al mostrarle una nueva tierra para su descendencia.


Teniendo fe y obedeciendo salió con esposa y parentela hacia la tierra prometida, ya no se regresó, creyó y le fue contada por justicia. Lo cierto es que este hombre con su valiente servidumbre derrotó a cinco reyes que se interponían en su camino y Dios lo premió con un nuevo nombre: Abraham. Todos los de su época le temieron.


En cierta ocasión, Dios le pidió el sacrificio de su hijo Isaac y Abraham se aprestó a obedecerlo. No sé qué pudo pensar y sentir Abraham al respecto, pero él estuvo seguro y confiado en Dios. Durante el camino Isaac le pregunta a su padre dónde estaba el cordero a sacrificar y Abraham le contestó:


El benevolente Dios proveerá y así lo hizo apareciendo un corderito para sacrificio.


Un cordero que anunciaba la misma muerte del Hijo de Dios como sacrificio para perdonar los pecados del mundo: Jesucristo el Cordero de Dios que perdona los pecados del mundo. Jesucristo hizo un sacrificio en obediencia al Padre. Y la humanidad en su necedad se resiste a creerlo. Abraham es el emisario de la Fe, una fe que solo descansó en la circuncisión como pacto, al cual el pueblo judío no pudo andar en ella y la iglesia con el poder del Espíritu Santo es fiel testigo del testimonio de Jesucristo “el Hijo de Dios”. Amén

Comentarios


Si tiene alguna duda, sugerencia o comentario, no dude en ponerse en contacto con nosotros al siguiente correo: lasanadoctrina2014@gmail.com

 2025 Buenas Nuevas, Mty. Mx.

bottom of page