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Editorial 255

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 25 feb 2019
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 26 nov 2020


¿Por qué el rojo es rojo? Es una pregunta retórica que puede ser contestada o no, conforme la paciencia o conocimiento de a quien se dirige esta pregunta.

Este tipo de preguntas pueden ser maravillosas para algunos y necias para otros. Esto según el criterio y tiempo de los que la oyen.

Además, tienen sentido o no, dependiendo del grado de aprender o profundizar en lo cuestionado.

Pueden ser ofensivas o no, en proporción al tipo de persona que se pregunta, el tono de la misma y modo en que se hace.

Así como esta pregunta existen muchas más. El punto, es que no somos capaces de contestar a todas las preguntas de este tipo.

Los engañadores, los mal intencionados, los religiosos, los perros, los instigadores, etc., son algunos tipos de sujetos que las formulan con objeto de causar maldad mediante la discusión estéril, la difamación, la violencia, la división o simplemente un perverso placer.

Pero también los ingenuos, los simples, los indoctos, los ignorantes, los neófitos, los aprendices, discípulos entre otros, las realizan para aclarar una duda, reafirmar un conocimiento, aprender algo nuevo o tener alguna conversación que haga pasar el tiempo.

De modo que, amados hermanos, como ya tenemos la premisa de que no podemos responder a todas las preguntas, debemos practicar la libertad de decir: “No sé” y a pregunta expresa “¿entonces no sabes?” un simple “NO” resuelve el conflicto o situación de apremio.

¿Por qué lo digo? Porque nuestro trabajo como embajadores de Jesucristo es convencer a los extranjeros adquieran la ciudadanía espiritual a la que fuimos llamados a pregonar. Obviamente habrá sesiones de preguntas y respuestas, de ahí que solo contestaremos las que:

  1. tengan sentido práctico en la respuesta

  2. posean significancia en nuestro objetivo

  3. lleven a aumentar la curiosidad por saber más

  4. nos obliguen a explicar pormenores de Jesucristo

  5. demuestren un real interés por aprender

  6. convenzan de confesar a Jesucristo como Hijo de Dios

  7. soliciten guía de cómo agradar a Dios y a Cristo


Las mejores preguntas son las más tontas o simples, porque en ellas se nota un sincero deseo de tener fundamentación fuerte en ese tópico.

En consecuencia, las peores son las elaboradas y complejas, porque su fin es debatir, argumentar, contraponer, no necesariamente a creer lo que uno sostiene sino a confundir, distraer, hacer dudar al cuestionado.

La prudencia debe ser siempre nuestra compañera, fortalecida con el Espíritu Santo de Dios. Así, evitaremos caer en lazos del enemigo y ser excelentes comunicadores de la vida eterna que Cristo quiere para el hombre.

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