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Editorial 257

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 11 mar 2019
  • 3 Min. de lectura

Paz, gracia y victoria sean dados a ustedes amados hermanos, que nos leen desde los diferentes puntos del planeta, en el nombre del Señor Jesucristo les saludamos amorosamente, amén.


Como bien saben, los colaboradores de Dios al servicio del ministerio de Jesucristo en la elaboración y propagación virtual de este blog acerca de la Sana doctrina de Jesucristo para el hombre en estos últimos tiempos, le ha parecido bien al Padre de toda misericordia nos asentemos en el noreste de México para dar testimonio de Cristo en esta tierra.


Dentro de toda idiosincrasia propia de este país donde radicamos está el tener fe. Todo individuo nativo de este país cree en algo. Desde los tiempos antiquísimos hemos sido provisto por Dios de tener creencia y fe. Luego con la llegada de los españoles fue esta fe encauzada en otros dogmas siendo una continuación de esta habilidad nuestra.


Con el devenir de los tiempos otras filosofías, sectas y doctrinas han arribado teniendo un campo fértil para prosperar aquí, siendo la verdadera doctrina de Cristo una de las que también llegó para quedarse. Sin embargo, esta fuerte capacidad para creer también se refleja en una renuencia a cambiar de postura fácilmente. Y así el resto de las naciones también tienen esta misma capacidad, aunque en unas tiene más efecto que en otras.


Precisamente, la babilonia actual ha tenido control sobre nuestra nación terrenal en este aspecto. La dificultad de hacer llegar las buenas nuevas es debido al fuerte adoctrinamiento de la falsa iglesia, a su constante lucha contra los colaboradores de Cristo. Pero no dejamos de seguir insistiendo. La falsa doctrina basó su burocrática corte celestial en el mismo fundamento de los indígenas, es por eso que esta religión goza de fuerte presencia. Quitaron a los politeístas dioses y los reemplazaron por seres humanos a quienes denominaron santos y vírgenes.


Sabemos que la Deidad son tres: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y también sabemos que Dios es uno. Luego vinieron las denominaciones a confundir doctrinas dentro de la iglesia, como las que Pablo en las cartas ahuyentaba en sus tiempos, pero ahora unos dicen que el método importa, otros que el Espíritu solo está en algunos y así.


Y por si fuera poco, vienen los pro judíos, los que sostienen que el antiguo testamento es lo de hoy.


Ante tanta mezcla de creencias y doctrinas humanas, se diferencia la sana doctrina, esa que dice: Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa. Por eso amados hermanos, debemos saber dónde estamos parados, hacer un examen serio de conciencia y fe y ver hacia abajo y sobre dónde están situados nuestros pies. ¿Es en la Roca de Salvación? ¿Arena? ¿Pasto? ¿Agua? ¿Aire?


¿Es Jesucristo nuestro despertar, amanecer, vivir y convivir, descansar y pensamiento antes de dormir? ¿Es su amor lo que nos inspira a practicarlo? ¿Es la fe en él la que hace nos encomendemos en todo dicho y en hecho al Padre Celestial? ¿Qué esperanza albergamos en nuestro interior? ¿Tenemos esperanza? ¿Somos obedientes a Jesucristo?


Muchas cosas amados hermanos debemos preguntarnos, porque el tiempo sigue pasando, nuestra vida se acorta y con ella nuestra oportunidad de tener grande galardón, una eternidad en victoria perpetua en el reino de Dios y Cristo. ¿En dónde queremos estar en la eternidad? ¿Sabían hermanos que depende de nosotros -de nuestra renunciación y obediencia sincera y total a Cristo- el tipo de galardón que obtendremos de parte del Señor Jesús?


Por eso rogamos siempre cuando nos congregamos en el nombre del Señor Jesús nunca permita el Padre nos separemos, ni un segundo o instante, ni a la derecha ni a la izquierda, ni atrás, sino solo adelante y al centro que es Cristo. Siempre suplicamos gracia al Padre nos afiance en la Roca que es Cristo, y jamás seamos removidos ni del Camino, ni de su gracia ni de su revelación.


No porque tengamos miedo, sino porque hemos visto cómo algunos se han desviado por las riquezas, las doctrinas, la ansiedad de fama y poder de modos tan sutiles que es donde nuestro temor a Dios nos guarda. El Padre sea y es nuestro proveedor y Dios. Jesucristo es nuestro Señor, Salvador y Maestro. Y el Espíritu Santo es nuestro Consolador, que nos muestra las verdades acerca de la Verdad y del Verdadero.


Compartimos esto amados para que también lo hagan con fe, y tanto ustedes como nosotros dejando toda vanidad en esta tierra aspiremos a lo mejor, a lo espiritual y eterno en nuestra verdadera Patria, con el Único y Sabio Dios, amén


Que la gracia, conocimiento, fortaleza en Jesucristo esté en todos ustedes hermanos, amén. Los amamos y roguemos por la venida del Señor Jesús nuestra esperanza de gloria.

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