Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad
- Cuerpo Editorial

- 11 mar 2019
- 5 Min. de lectura

Glorificamos al Padre Celestial nuestro Dios, por la perfecta misericordia de concedernos llegar al fin de una carta más para la propagación de la Verdad, la cual es Cristo Jesús en nosotros, amén. Paz y gracia de nuestro Señor Jesucristo sobreabunden en su espíritu, amados lectores, amén.
El apóstol Pablo culmina esta carta con dos mensajes importantes, los cuales cubriremos aquí antes de pasar a la siguiente carta, que es para los hermanos que conforman la iglesia de Cristo en Galacia.
Dicho lo anterior este capítulo tiene como primer mensaje la conclusión de su defensa a su ministerio, además de recomendaciones y reflexiones a manera de padre, hermano e hijo que tratan de hacer ver a los hermanos en Corinto de su mal proceder.
En los primeros dos versículos es claro en su determinación: ir por tercera vez a Corinto para imponer orden, convencer de pecado a los que lo hacían y confrontar a los que menospreciaban su apostolado. Por el Espíritu Santo advierte: “no seré indulgente” dado que por eso escribe la carta primero antes de viajar para así confirmar el motivo de su visita y no apelaran a la ignorancia.
Utiliza la carta para convencer de último momento que quizás no sea necesario ir por eso, pues implicaba dejar por un tiempo su ministerio para atender un asunto no tan importante (pues recordemos que el mandato de Cristo a Pablo era fundar iglesias e ir a Roma y no arreglar asuntos de iglesias ya formadas).
Pero el Espíritu pone en la conciencia de Pablo ser todavía paciente, recordándoles que no es correcto pedir señales de comprobación puesto que, si se duda de Pablo, se duda del evangelio de Cristo, pues antepondrían el dicho de un hombre a lo que ya se les había predicado, habían creído y sido bautizados en el nombre de Jesucristo, como lo declara el versículo tres. Tremenda cosa es detenerse ya estando en el Camino y poner en tela de juicio porque ¿en qué está cimentada la fe?
En el cuatro nos recuerda a todos Cristo ciertamente fue crucificado en la debilidad en la cruz por cuanto fue despojado de toda gloria y se hizo pecado, pero fue tan solo el momento preparado por el Padre, ya que después al descender a la región de los muertos preparó el paraíso y a dar testimonio a los que ya habían partido creyendo y posteriormente regresar a los vivos por la acción poderosa de Dios, y de ahí ascender a los cielos para sentarse en su trono a la diestra de Dios Padre, en espera de cumplir su promesa de vivir con él cuando se llegue tan precioso momento ¡ALELUYA!
De los versículos 5 al 7 se rescata la conmovedora manera, por el amor con el que se expresa el apóstol de que hagan un examen de conciencia y fe ¿Por qué hacen eso? ¿Para qué? ¿Es conforme al Espíritu? ¿Dónde están cimentados? ¿Es Jesucristo su cimiento? Y los confronta hacia una de dos posibilidades: o están aprobados por Jesucristo o al estar fuera de él, son hallados reprobados. Duro escenario de quienes leyeron esta amorosa, pero fortísima carta. Y todavía Pablo apuesta a que enmendarán su mal proceder cuando declara que él prefiere ser de alguna manera (cuando ellos y él saben que no es así) reprobado en lugar de ellos.
Y viene el versículo fuerte, que destroza toda mala intención: porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad. Es decir, contra Cristo no hay esperanza, pero por Cristo están la esperanza, el amor y la vida eterna. ¿Por qué? Sencillo, porque solo podremos vencer mediante Jesucristo a la carne, al mundo, al enemigo, al pecado. No podemos resistir a Cristo, porque entonces estaríamos fuera de él -Padre ¡NUNCA PERMITAS NI UN SEGUNDO SUCEDA EN NOSOTROS ESTO!- No podemos agradar a Dios, ni ser salvos y tener vida eterna, ni llamarle a Dios Padre, ni dar testimonio, ni tener el perfecto amor, ni la renunciación, etcétera si no es por el Señor Jesucristo, confesando de labios con el corazón contrito que él es el Hijo de Dios y que Dios lo levantó de los muertos al tercer día.
Los versículos 9 y 10 sencillamente vuelve -por última vez, como sello ante el Señor y ellos, que su paciencia se agotará si lo hacen ir de nuevo para este asunto- a recordar que no irá en son de quietud y amabilidad, sino con toda la autoridad y el poder que el Señor Jesucristo le infirió para testimonio a todas las iglesias que con el evangelio de Jesucristo no se juega.
En su despedida es breve, diplomático, educado y deseoso que crezcan en el ejercicio de la fe. Recomienda a seguir en el gozo (y no afanes), ser de un mismo sentir (no hacer política, instigaciones o tener varios fundamentos) y vivir en paz (porque estaba la iglesia dividida entre los que apoyaban a Pablo, los cimentados en Cristo y los que no, los que se habían desviado). Precisamente el pedirles saludarse con ósculo santo implicaba tuvieran acercamiento para dirimir diferencias y que de nuevo el canal del amor espiritual fluyese en ellos.
Preciosa parte final. Las cartas epistolares son excelentes ejercicios de redacción y exposición de hechos, logrados solamente con la cobertura del Espíritu Santo, quien brinda sabiduría de lo Alto a los colaboradores de Dios, los siervos de Jesucristo para maravilla de los que creen y locura para los que no. Dejamos a continuación el fundamento de este último capítulo. La paz, sabiduría y amor del Señor Jesucristo sea con todos ustedes amados hermanos, amén.
1 Corintios 13
13 Esta es la tercera vez que voy a vosotros. Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto. 2 He dicho antes, y ahora digo otra vez como si estuviera presente, y ahora ausente lo escribo a los que antes pecaron, y a todos los demás, que si voy otra vez, no seré indulgente; 3 pues buscáis una prueba de que habla Cristo en mí, el cual no es débil para con vosotros, sino que es poderoso en vosotros. 4 Porque aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios. Pues también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios para con vosotros. 5 Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? 6 Más espero que conoceréis que nosotros no estamos reprobados. 7 Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque nosotros seamos como reprobados. 8 Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad. 9 Por lo cual nos gozamos de que seamos nosotros débiles, y que vosotros estéis fuertes; y aun oramos por vuestra perfección. 10 Por esto os escribo estando ausente, para no usar de severidad cuando esté presente, conforme a la autoridad que el Señor me ha dado para edificación, y no para destrucción. 11 Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros. 12 Saludaos unos a otros con ósculo santo. 13 Todos los santos os saludan. 14 La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

Comentarios