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Editorial 258

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 16 mar 2019
  • 2 Min. de lectura

La importancia de obedecer los mandamientos de Jesucristo


Que la paz y gracia de nuestro amado Señor Jesucristo sobreabunde en ustedes amados hermanos.


Sin más preámbulos, habremos de decir que obedecer a los mandamientos del Señor equivale a obedecer las leyes físicas de alimentación, las reglas de conducta, los cánones de estudio y comunicación etcétera. Debe ser parte vital hermanos, conocerlos y aplicarlos.


Ya en anteriores números hemos visto estos mandamientos al detalle, pero baste decir ahora, que su cabal cumplimiento asegura nuestro poder espiritual. No olvidemos que antes que agradar a los hombres es menester agradar a Dios mediante la obediencia a Cristo.


Es necesario decirlo, sí. Es propio creerlo, también. Pero ahora es preciso mostrar con hechos, lo que se dice y lo que se cree. Porque cuando el Señor Jesús vino a esta tierra para dar testimonio al mundo no sólo predicó palabras y demostró la fe, sino que mostró obediencia al mandato divino de ser sacrificado para redención de muchos.


Recordemos que no son ritos a cierta fecha, como tampoco ademanes, tradiciones, usanzas, teologías. Es la aplicación práctica y eficaz del evangelio en sus múltiples maneras conforme al Espíritu Santo. Lo que es de la carne y humano, para nada aporta al crecimiento espiritual, solo la fe y la voluntad dispuesta a obedecer.


Ya en el nuevo pacto encontramos numerosos ejemplos de esto; los siervos, diáconos, apóstoles y demás miembros de la iglesia en aquellos tiempos constituyen la base de testimonio que debemos hacer y superar. No por nada el Señor Jesús declaró: “mayores cosas que éstas harán” en virtud de: “Cuando el Hijo del Hombre venga: ¿Hallará fe en la Tierra?”, como una explicación de la enorme fortaleza espiritual requerida para estos postreros tiempos.


Así que no decaigamos amados hermanos, congéneres de la fe y amigos del Señor Jesús. Demostremos somos esa luz y esa sal para que el mundo vea la gloria y misericordia de Dios y encuentre el sabor del amor de Jesucristo por los suyos y quienes oímos su voz.


Créanme, mucha recompensa nos espera, una eternidad para disfrutar esas mieles.


Anden por el camino de Cristo que lleva al Padre, guiados solo por su Espíritu Santo. Oren por nosotros, así como nosotros rogamos al Padre por ustedes en la fe. No dejen de cimentarse en la Roca que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Amor y fortaleza de nuestro amado Obispo de nuestras almas, el Señor Jesucristo Señor nuestro sea abundante hermanos, amén. ¡Cristo viene!

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