Editorial 259
- Cuerpo Editorial

- 25 mar 2019
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Hermandad del Señor Jesucristo: paz y fortaleza del Señor abunden para encarar estos tiempos en victoria, amén. Ya habíamos hablado respecto a por qué debemos obedecer los mandamientos del Pastor y Obispo de nuestras almas.
La razón principal es que hemos notado nadie habla de los postreros tiempos. Siempre se habla del pasado (Israel, la ley y los judíos) y el presente (dogmas y doctrinas si son o no verdaderas) pero del futuro, acerca de los incentivos y galardones, nadie habla. Y es que nadie habla porque muchos no saben y otros al no tener la cobertura del Espíritu Santo les da una especie de pavor.
El Señor Jesús habla en futuro cuando nos menciona a nosotros en su ministerio, del anuncio de su crucifixión y posterior resucitación, y luego de su eventual ascensión. Y no lo hace como para sentar debates o anuncios mediáticos, sino para convencer a la humanidad que él es el mismo ayer, hoy y siempre. Habla de las señales para testimonio que el futuro ya está previsto por la Deidad y depende de nosotros en qué parte queremos estar.
Nosotros, debemos recordar hablar en futuro porque hacia allá vamos. El pasado está como un recuerdo de lo que debía pasar. La ley, los profetas, el tiempo de la visitación, los hechos, las cartas son evidencia de que son actividades que debían suceder para que sea el inicio de nuestro conocimiento.
Luego nuestro presente es CRISTO. Debemos cimentarnos a diario en la Verdad porque cada día trae su propio afán. Tenemos que seguir CAMINANDO (Gerundio, presente continuo y no finito) en dirección hacia nuestro futuro. Debemos saber hacia dónde vamos, porque el mundo no tiene esperanza no habla mucho del futuro o habla con terror y nosotros no debemos tener tales traumas. El presente se rige por el amor y la fe.
Hablar del futuro es hablar de la esperanza y la fe. Si el mundo tiene miedo del porvenir nosotros en cambio, no; al contrario: pedir con ahínco se apresure a llegar. Muy pocos piden por la venida del Señor Jesús, muy pocos ruegan porque se cumpla el número de redimidos, muy pocos piden ser arrebatados y en cambio aun en las congregaciones es un tema tabú.
¿Por qué? ¿Cuál es el temor de ser liberados de nuestra carnalidad? ¿Ser arrebatados para ser ya uno con Cristo es un problema? ¿Partir con el Señor representa un momento de tristeza y no de gozo? ¡Al contrario, es exigir la garantía de nuestra fe sea validad por nuestro Cristo Amado!
¿No dice la escritura que agradable es al Señor la muerte de sus santos? Hay que tirar esos temores de hablar del futuro porque LA CONDENACIÓN NO ES PARA NOSOTROS, sino para los que no creen y como no sabemos quiénes no creerán entonces ¿es nuestro problema? ¡No! Por eso no debemos hablar del futuro como condenación, sino como vida eterna e instar a todos a que crean para que sean salvos y por fin se sacudan de un temor irracional al futuro.
Cristo es vida y llama a vida. El Espíritu Santo implica una paz duradera. Y nuestro Padre es el destino final. ¿Qué miedo puede haber a eso?
Que la esperanza, la fe en el SEÑOR JESUCRISTO NUESTRO SALVADOR sean exponenciados en ustedes amados creyentes. Los amamos en la fe, que estaremos en la presencia de nuestro Señor, seremos resucitados para vida y por eso clamamos, gozosamente: ¡VEN, SEÑOR JESÚS! Amén.




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