Pero de los que tenían reputación de ser algo (lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa; dos
- Cuerpo Editorial

- 31 mar 2019
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Amados lectores y creyentes en la fe verdadera que es en nuestro Señor Jesucristo, paz y gracia de Cristo les sean añadidas en abundancia, amén. Los hermanos asentados en el noreste de México por disposición del Padre les envían fraternales saludos y bendiciones.
El segundo capítulo de esta carta a los hermanos en Galacia refiere la continuación de lo iniciado en el mensaje anterior, ya después de ser tomado por Jesucristo mismo camino a Damasco, alrededor de 20 años antes. Ahora el apóstol narra en primera persona (porque todo enviado de Dios y de Jesucristo deben tener un testimonio espiritual) lo que ocurrió con Pablo en compañía de los hermanos Bernabé y Tito al visitar a los apóstoles radicados en Jerusalén por revelación.
Debió ir para someter a examinación de lo que Pablo ya estaba predicando junto con sus colaboradores y para que no hubiese contradicciones con lo que los apóstoles hacían lo propio a los judíos. Esto de conformidad con que en el Espíritu Santo todos hablamos una misma cosa: Jesucristo y sus mandamientos.
Luego, en ánimo de humildad y solicitud, reconoció que algunos tenían reputación, un concepto en estos días tan ambiguo que, engañados por el diablo, muchos introducen falsas credenciales “cristianas” en cuanto a estirpe, conocimientos teológicos, renombre, influencia, poder adquisitivo, etcétera; cuando por reputación se refiere realmente a: amor, fe, poder en el Espíritu, conocimiento de la doctrina de Cristo, sabiduría, dominio propio, experiencia en campo en cuanto al testimonio (azotes, persecuciones, lapidaciones, vejaciones, humillaciones, denostaciones, conflictos contra religiosos, entre otros).
Luego vio con sorpresa, digámoslo así para aquel joven apóstol Pablo, que nada nuevo le comunicaron en cuanto a doctrina. Es decir, si esperaba ver algo en la circuncisión mejor que lo gentil no lo vio, sino que, por lo contrario, el Espíritu le reveló en efecto él iba por muy buen Camino (la obediencia a lo que Jesucristo le mandó hacer a él). De hecho, escribe a los gálatas que incluso vio infiltrados en aquella congregación (¡aun con los apóstoles presentes!) que instigaron contra Timoteo para circuncidarlo al ser griego.
Pretendieron darle a la iglesia de Jesucristo su matiz judío donde hay prohibiciones y limitaciones religiosas y no la libertad de fe que predicaban ellos.
Por si fuera poco, éstos mismos hermanos -los de la reputación- incluso quedaron maravillados del testimonio que Pablo ostentaba en sus mejores años de ministerio en cuando a esfuerzo y poder, pues ciudades y pueblos eran redargüidos por el Espíritu y a pesar de las adversidades el nombre de Cristo era predicado y su mensaje creído para salvación de muchos. Cosa diferente entre los apóstoles, en cuanto que sus dificultades y a pesar de ser testigos en primera persona del poder de Cristo en la tierra, el pueblo judío rechazaba vehemente el evangelio de Cristo.
Tan así fue su gozo que solo les enderezaron con la recomendación en no olvidar a los pobres para perfeccionar el amor incluyente de Jesucristo, cosa que Pablo asimiló inmediatamente en su andar y proceder. Esta recomendación fue dada por los pilares de conocimiento de esa congregación, el pastorado ejercido en conjunto por Cefas, Juan y Jacobo, ya ancianos en la fe.
Recordemos que el nuevo testamento como tal no existía en este tiempo que se describe y luego Pablo por indicación del Espíritu lo plasmaría a lo largo de su vida en las epístolas que hoy cómodamente leemos.
Este poder Jesucristo expresado en el testimonio de Pablo fue tal que aun uno de los de la reputación, el mismísimo apóstol Pedro, tuvo que ser pasado por la reprensión enérgica de Pablo, dado que su debilidad e hipocresía repercutió y contaminó a su colaborador Bernabé, quien tiempo después se apartó de Pablo del ministerio.
Y este capítulo culmina con una hermosa pero contundente sabiduría espiritual: el mensaje perfecto para los judíos que creyendo en Cristo quieren hasta el día de hoy judaizar el evangelio de Jesucristo. Es para aquéllos quienes nada nuevo comunican, sino mentiras y leudas. Pero el contenido y la revelación en Jesucristo de esta disertación expresada por el apóstol Pablo será para el siguiente número.
Por hoy baste esto amados hermanos: cualquiera que se diga enviado de Jesucristo debe mostrar credenciales semejantes a las antes descritas espiritualmente hablando. Dado que toda doctrina debe ser examinada antes de ser comunicada a la grey, debe resaltar el testimonio de Jesucristo a la vista de los presentes de quien afirma llevar mensaje de parte de Dios.
Y la premisa base es que no debe ser evangelio nuevo, sino algún conocimiento de los tesoros de Cristo aun desconocidos, pero no nuevos. No existen nuevas voluntades de Dios, nuevos ministerios, nuevos mensajes, nuevas formas de salvación. Ni nuevos Dios o Cristos.
El que crea, oiga lo que el Espíritu comunica a la iglesia de Jesucristo, dispersa y peregrina en todo el orbe. La sabiduría y la gracia de nuestro Señor Jesús sobreabunde en ustedes amados hermanos, amén.

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